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Nuevo año, nuevas oportunidades

El mes de diciembre, con las fiestas navideñas de por medio y el cambio de año, puede llegar a ser una época complicada y suponer un reto para muchos de nosotros. Tenemos que afrontar reuniones, conversaciones, ausencias, discusiones, estrés… A veces es extenuante y tan solo deseas que llegue pronto enero, cuesta incluida.

Pero, también, como leí el otro día: «Diciembre es un mes de cierre, de echar la vista atrás y reflexionar».

Por eso, es un buen momento para sentarnos, coger papel y boli y, con tranquilidad, pensar en los meses que dejamos atrás, recapitular y analizar el año que termina: cuáles han sido las mejores cosas que me han ocurrido, cuáles han sido las peores, cuál ha sido mi actitud ante ellas, qué he hecho yo directamente para que sucedieran, de que estoy más orgulloso, qué podría haber hecho diferente.

(También ayuda hacer una lista de cosas por las que estás agradecido, por pequeñas que sean: desde la ducha de agua caliente hasta el abrazo de tu madre o un libro que leíste. Desde hace un tiempo, yo hago esta lista a diario; cada mañana pienso en las tres cosas del día anterior por las que estoy agradecida. Ayuda a poner en perspectiva mi vida, valorar los pequeños detalles, mantenerme en el ahora. Pero este tema daría para otra entrada de blog).

Al final, se trata de echar la vista atrás para aprender.

Y, a partir de ahí, pensar en qué quiero conseguir en 2019.

El cambio de año es, sin duda, una especie de reseteo: nuestro cerebro ve la oportunidad de un nuevo comienzo, de nuevas oportunidades. Está claro que en cualquier otro momento, en cualquier otro mes, podemos hacer eso mismo, pero nos resulta más sencillo (a nuestro cerebro le resulta más sencillo) llevarlo a cabo a partir de una fecha tan clara como el 1 de enero.

En este punto, una vez hemos analizado el año que acaba, llega el momento de elaborar una lista con los propósitos para el año que comienza. Casi todos, en algún momento, hemos redactado una lista parecida a: apuntarse al gimnasio, mejorar el inglés, leer más, dejar de fumar, comer más sano… Pero, ¡ojo!, no se trata de fijar unos objetivos que, quizá, distan mucho de tus verdaderos deseos, sino de moverte y realizar acciones en la dirección que marcan tus valores: movernos en la dirección que queremos. Que queremos de verdad.

Piénsalo bien: la mayor parte de las veces nos fijamos unos propósitos que no se amoldan a lo que deseamos en realidad, sino más bien a lo que creemos que debemos hacer. Muchos de ellos, además, son poco realistas; otros, abrumadores. Pretendemos conseguir en poco tiempo grandes y costosos objetivos, ¡todos a la vez! Y, por eso, en febrero abandonamos el gimnasio, volvemos a fumar y cenamos todos los días comida basura.

Es importante, por tanto, que el plan que tracemos esté formado por acciones con sentido, en concordancia con nuestros valores que nos lleven ¡hacia la vida que queremos! Al fin y al cabo, es nuestro comportamiento, las acciones que realizamos, las que hacen nuestro camino, porque no es lo mismo vivir la vida que pensarla.

Paso a paso.

Así que llenemos nuestro 2019 de pequeñas acciones, de esos pequeños pasos que nos lleven por el camino que deseamos; de personas que sumen y no resten; de todas aquellas cosas que nos asustan porque, al otro lado, están las que queremos alcanzar. Llenemos 2019 de nuevas oportunidades.
Autora del post: Cintia Fernández Ruiz
Imagen: Kristopher Roller