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Carta a mi yo del pasado

Hace año y medio, como ejercicio para la terapia, Azucena me propuso escribirme una carta a mí misma, a la Cintia de 16, 17, 18 años, a la chica de esa época que necesitaba saber unas cuantas cosas. En principio me pareció algo divertido, incluso mágico, como si hubiese alguna posibilidad de que aquella Cintia lo fuese a leer y, cual viaje en el tiempo, mi futuro, que hoy es mi ahora, fuese a cambiar.

En realidad, me costó escribir la carta porque también dolía. Tenía la sensación de que me había perdido muchas muchas muchas cosas, que serían irrecuperables, y enumerarlas y ponerlas por escrito eran un recordatorio de todo lo que la ansiedad y el miedo me habían impedido hacer.

«¿Y no puedes hacer estas cosas ahora?», me preguntó Azucena. Creo que, durante unos segundos, me quedé muda. Hacía tiempo que las había dado por perdidas y había etiquetado todo ello como «Cosas que no hice» a una determinada edad pero, ¿después qué? En realidad, la mayoría de ellas todavía las podía hacer, ¡todavía las puedo hacer! Tengo que aceptar que, vale, sí, no las hice en su momento o cuando «tocaba» según impone la sociedad, pero aún puedo llevarlas a cabo. Y las que no, no pasa nada.

En ello estoy.

Copio a continuación la carta que, un año y medio después, todavía podría escribir. ¿Qué os diríais vosotros?

· · ·

Querida Cintia de 17-20 años:

Probablemente no me tomes en serio cuando comience a lanzarte recomendaciones (aparentemente sin ton ni son), pero, créeme, todas y cada una de ellas son importantes: te ayudarán a poner remedio a muchas de esas cosas que empiezan a afectarte y que, si no haces nada, con el paso de los años se harán más grandes cual bolas de nieve. (Así que hazme caso y mueve el culo).

(Y ponte cómoda para leer, que tengo mucho que contarte).

Mi primera recomendación, la más importante, en realidad son cinco: atrévete (1), arriésgate (2), finge ser valiente hasta que realmente lo seas (3), muévete (4) (entendido como un «haz cosas, haz, haz, haz») y no te acomodes a una vida que no te hace feliz (5). Después te será muy difícil cambiarla, no sabrás cómo, por dónde empezar («¿Qué cambio primero cuando quiero cambiarlo todo?» y así).

¿Entendidas estas cinco premisas imprescindibles? Sigamos.

Pide ayuda cuando te sientas desbordada. Las cosas no se arreglan mágicamente con el paso del tiempo (por mucho que te guste esa idea). Si estás mal por algo, intenta poner solución, o empeorará. Aprende a arreglar las cosas tú, aprende a «arreglarte» tú. Más adelante te darás cuenta de que estos años son decisivos, que determinarán muchas cosas de tu futuro.

Que no te asusten la gente ni los cambios (o, al menos, que no te inmovilicen). Siempre vas a tener gente y cambios a tu alrededor (sí, lo sé…, pero no siempre serán un fastidio).

Trata mejor a tus padres, no pagues con ellos tu mal humor, cuídalos, pasa más tiempo con ellos. Pasa más tiempo con tus hermanos.

Cuida a tus amigas. Queda con ellas, sal, mantén el contacto. Busca también otras amistades, de esas con las que compartas aficiones, con las que puedas hablar durante horas, con las que, sobre todo, te sientas cómoda.

No dejes que los nervios, la inseguridad y los miedos te ganen; no dejes que todo ese batiburrillo se convierta en ansiedad. Trabaja en ello. Mucho. Muchísimo. Mucho más que muchísimo.

Trabaja también la confianza en ti misma. Sé con los demás la persona que eres en tu cabeza. Que no te importe lo que piensen, que no te afecten tanto sus comentarios. Sobre todo los de tu familia. No dejes que te atrapen, no busques su aprobación para todo. Sé independiente, haz las cosas por ti misma, no dependas de nadie. No dejes que la vergüenza te venza. Confía en ti, es lo más importante.

(¿Abrumada? Continuamos un poco más).

Busca cualquier curro de verano y hazte a la idea de que vas a tener que hacerlo toda la vida. Cuanto antes te entre en la cabeza, mejor. Precisamente por esto, esfuérzate por encontrar eso que de verdad te gusta, eso que no te cansarías de hacer, eso que haces como hobbie y que te alucina que paguen por ello.

Vamos, que escribas, que escribas un montón. Que pongas por escrito todo lo que se te pase por la mente. Y no dejes de leer nunca, lee mucho más.

Interésate también por cursos, charlas, prácticas, y aprende. Estudia siempre, estudia de todo. Aprende idiomas, todos los que puedas.

Sal de casa, no te escudes tras una pantalla. Es más fácil, pero no recomendable. Llegará un momento en que tu vida no te parecerá real.

No te conformes, no elijas el camino fácil para evitar el miedo. Vete directa a ese temor que te impide hacer lo que tú realmente quieres y cómetelo; vamos, que si algo te da miedo, hazlo con miedo. ¡Pero hazlo!

Acepta que no vas a ser otra persona, que no vas a tener otra vida para hacer las cosas de diferente manera. Que esta vida no es de prueba, que es la única que tienes; que si quieres algo, tiene que ser en esta. Por eso, no quieras que el tiempo pase porque no va a volver.

Y espabila, tía, espabila.

Diviértete, haz cosas de la gente de tu edad. No seas siempre tan responsable, no intentes hacer siempre lo correcto. Pierde un poquito el control. Tatúate si quieres, tíñete el pelo de colores, ponte piercings. Desinhíbete. Prueba el alcohol, prueba el tabaco, prueba, prueba, prueba, no se va a acabar el mundo. Experimenta. Y diviértete. ¡Diviértete!

Aprovecha todas las oportunidades, aprovecha cada momento.

Intenta viajar todo lo que te sea posible. A cualquier parte, a otro continente, al pueblo de al lado. Conoce gente en cada sitio.

Suena tonto, pero vive.

Y arriésgate. Muévete. Escribe. Viaja. Experimenta. Atrévete. Conoce gente. Estudia. Espabila. Confía en ti. Haz cosas. Lee. Diviértete. Pregunta. Aprende. Sé independiente. Ten curiosidad. Cómete los miedos que te impiden avanzar. Sal de casa, de tu ciudad, de tu zona de confort. Vive. Prueba. Falla. Vuelve a intentarlo.

Hazme caso.

“Atrévete”, decía mientras se escondía.
Autora del post: Cintia Fernández Ruiz
Imagen: Agnieszka Boeske