¿Se curan los problemas psicológicos?
Entrenando la flexibilidad psicológica (Parte 1)
La flexibilidad psicológica permite permanecer ecuánime en el presente, abiertos a la experiencia interna de pensamientos, emociones y sensaciones. Moviéndonos por objetivos no por impulsos
Imagino que al plantearte buscar la ayuda de un profesional de la psicologia estés buscando alguien o algo que “cure” el malestar que tienes, alguien que te ayude a resolver el dilema en el que te encuentras. La mayor parte de las personas que vienen a la consulta lo hacen como si vinieran a una consulta médica. Esto no es nada raro en realidad, el modelo médico lleva mucho más tiempo entre nosotros y lo hemos interiorizado lo suficiente como para vernos a nosotros mismos como “enfermos” o “sanos”. Si algo duele “estoy enfermo” y voy a buscar la pastilla o el remedio que me cure para volver a estar sano. Sin embargo, el ser humano “psicológicamente hablando” funciona de otra forma. Aunque esta idea pueda resultarte muy chocante “la normalidad es destructiva” ¿Qué quiere decir esto? Quiere decir que en términos psicológicos podemos “estar sanos” y tener pensamientos negativos, sensaciones de ansiedad, preocupaciones y eso es perfectamente normal y sano. El miedo o la ansiedad es una emoción normal que tienen las personas sanas. En realidad es muy útil para sobrevivir. Constituye una alarma en nuestro organismo para avisarnos de algún tipo de peligro. Esta alarma se dispara tanto ante un peligro REAL como ante un peligro IMAGINADO. La sensación de ansiedad y todos los síntomas que Ana experimenta ante la experiencia real de ser despedida del trabajo, son los mismos que ante la imagen o el pensamiento de esa circunstancia. Lo que trato de decirte es que aunque estés buscando una consulta psicológica:
No estás ENFERMO/A es posible que estés tan sano y seas tan normal que tienes ansiedad.
No eres RARO/A lo que sucede es que cada persona sólo puede conocer su propia experiencia interna (sus emociones y pensamientos) y al no poder estar dentro de la piel de los otros, creemos que la ansiedad sólo nos pasa a nosotros y los demás están bien. Una de las cosas buenas de trabajar como psicóloga es darme cuenta de que en cuanto a emociones y pensamientos, preocupaciones, insatisfacciones, dificultades sexuales, etc. todas las personas tenemos nuestra dosis correspondiente. Es decir, que todos experimentamos emociones y pensamientos, lo pasamos mal a veces y otras salimos a flote. La diferencia es que las cosas de la vida por las que Ana puede sentir ansiedad, María no lo siente y Juan entra en pánico.
En la consulta psicológica no CURAMOS ni tenemos RECETAS con soluciones. Aquí vemos las acciones que hay que poner en marcha para conseguir lo que quieres o para aprender a vivir con lo que no puedes cambiar.
En definitiva, ¿Qué puedes esperar de la consulta de una psicóloga que trabaja desde la Terapia de Aceptación y compromiso? Vamos a trabajar para mejorar tu flexibilidad psicológica. En cierta forma podemos compararlo con un entrenamiento deportivo. Cuando vamos al gimnasio estamos entrenando los músculos, pero no es algo que podamos conseguir sólo escuchando las explicaciones del monitor o por contarle nuestro estado muscular. Hemos de practicar e ir progresando con las pesas o los ejercicios adecuados. Lo mismo sucede con las clases de yoga, al principio nuestro cuerpo está rígido y cualquier postura nos parece imposible, la practica va mejorando su elasticidad. Pues bien, en la consulta estamos entrenando la flexibilidad psicológica.
¿Qué es la flexibilidad psicológica? Empecemos por algunos ejemplos prácticos:
Cada vez que temo haber cometido un error que puede afectar a otra persona aparecen en mi cabeza un montón de pensamientos sobre las múltiples consecuencias que pueden derivarse y me veo atrapada en ella sin poder atender a otra cosa durante horas. Entonces me pongo a repasar todo lo sucedido y a buscar posibles soluciones. A la vez experimento sensaciones de puño en el estómago, cierto ahogo, nerviosismo. Mis pensamientos y emociones me dificultan actuar como me gustaría. Podríamos decir que estoy atrapada y mi conducta (dar vueltas a lo sucedido) van a ser intentos (probablemente fallidos) de liberarme de todo ese malestar interno. Estoy “atrapada” “confundida” “pegada” a mis pensamientos y emociones lo que me impide actuar de forma adecuada, es decir afrontando la situación en el sentido de pedir disculpas y ver qué puedo reparar, o haciéndome cargo de que soy humana y cometo errores… Mis pensamientos y emociones no me permiten tener flexibilidad psicològica en ese momento para actuar.
V, se mete a la cama a las siete de la tarde y se dedica a ver los programas “basura” de la TV porque le distraen y así no piensa en todas las cosas malas que le vienen a la cabeza. Cuando tiene dolores y suele tenerlos con frecuencia debido a problemas de reuma y artrosis se toma inmediatamente un antiinflamatorio, un analgésico, una pomada que le calme el dolor y se tumba en el sofá. A veces el fármaco se lo toma antes “en previsión” de que va a salir y le va a doler o de que va a pasar algo y le va a doler. Cuando llega la primavera y el otoño rescata “la pastilla de los nervios” que le puso un psiquiatra muy bueno al que fue hace veinte años y supo entenderla muy bien y se la toma porque son estaciones que la deprimen y se nota más nerviosa. Jamás se olvida de la pastilla para dormir porque pasar la noche en blanco es terrible y al día siguiente se encuentra muy nerviosa. Casi siempre se centra en la parte más catastrófica de lo que puede suceder y avisa a quien la quiera escuchar de las precauciones que hay que tomar para evitar ese (supuesto) peligro. Desde joven viene luchando con un miedo terrible a padecer cáncer. Cualquier signo nuevo que descubre en su cuerpo siempre es una señal de cáncer. Le surgen miles de pensamientos sobre esta enfermedad y la muerte por ella hasta que acude al médico y le realiza las pruebas oportunas que descartan “por esta vez” el cáncer. En los últimos años ya no va al médico “a ver si me va a sacar algo que me ponga más nerviosa”. La vida de V, se reduce a las paredes de su casa y está dedicada a observar la vida de los demás, sobre todo de los que salen por la tele que siendo famosos también tienen desgracias y puede consolarse en “experiencia ajena” del despilfarro que está haciendo con la propia. Temiendo morir y haciendo todo lo posible por durar, está “muerta en vida”. La evitación de su experiencia interna, del dolor, de las enfermedades, de la muerte…, la forma en que sus pensamientos y emociones la atrapan le impide habitar el presente. Suele pasar el tiempo presente rememorando lo pasado “hace un año por estas fechas estaba aquí…” o anticipando el futuro “ya no queda nada para Navidad, en cuanto pase agosto, un par de meses y otra vez la Navidad encima”. V, pasa la vida sin darle sentido. El sentido que pudieran darle sus valores. V, tiene un bajo grado de flexibilidad psicológica.
Si te das cuenta tanto a mí como a V, lo que nos genera malestar no es una situación REAL, sino nuestra mente y emociones que nos presentan una REALIDAD IMAGINADA que en definitiva vivimos como si fuera real. Los pensamientos son palabras o imágenes y tienen la facultad de generarnos las mismas sensaciones y emociones que los hechos reales, así el pensamiento de “van a tener un accidente en la carretera” (cuando los hijos de V, se ponen de viaje) puede generar la misma ansiedad que la llamada de teléfono con la noticia de que efectivamente han tenido un accidente. Los pensamientos pueden resultar muy creíbles, igual que puede serlo una película que vemos en la pantalla del cine y que nos atrapa durante su emisión consiguiendo que lloremos o riamos o nos asustemos según lo que el guionista y director haya preparado. La mayor parte de las veces somos capaces de darnos cuenta de que en realidad “sólo son pensamientos” “sólo es una película”, pero en otras ocasiones nos identificamos hasta tal punto con el contenido del pensamiento o de la historia, que nos lo creemos y sufrimos. Progresivamente, como en el caso de V, podemos pasarnos la mayor parte de nuestro tiempo haciendo cosas para evitar los pensamientos o las sensaciones y emociones “malas”. Podemos vivir en la mente viajando del pasado al futuro. Podemos destinar nuestro tiempo a SOBREVIVIR desperdiciando la única vida real que tenemos. La vida del presente.
La flexibilidad psicológica es la forma en que podemos comportarnos identificando nuestros pensamientos, sensaciones y emociones internas, viéndolos o notándolos con cierta distancia (psicológica) y eligiendo la respuesta que vamos a dar (al margen de esas emociones y pensamientos si no son útiles) en función de lo que queremos. Por ejemplo, aunque tenga enfado y ganas de matar a mi jefe puedo darme cuenta del enfado que estoy sintiendo y elegir callarme antes de soltarle un improperio para conservar el trabajo que me gusta y me permite vivir la vida que quiero. Otro ejemplo, aunque tengo miedo, noto el estómago encogido y mil pensamientos catastróficos acuden a mi cabeza, sigo caminando por un paso estrecho en la cresta de la montaña para no parar al grupo que viene detrás y poder disfrutar de la actividad que me gusta.
La inflexibilidad psicológica es actuar al servicio del miedo, la culpa, los pensamientos catastróficos de futuro, la sensación de ahogo, dejando en segundo lugar las metas y cosas de la vida que me importan.
Entonces ¿La depresión, la crisis de pánico, los trastornos y enfermedades mentales no existen? ¿Es todo una cuestión de flexibilidad o rigidez? responderemos a esta cuestión en el próximo post.