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De la zona de confort a la zona de crecimiento

¿Has escuchado hablar de la zona de confort? Es ese espacio, tanto físico como mental (sobre todo mental), en el que nos sentimos cómodos, porque abarca todo aquello que conocemos y controlamos.

Y, entonces, por lo general, nos acomodamos en él.

A ver, vivir en la zona de confort no es malo. No es malo si en ella estamos contentos, a gusto con nuestras decisiones, con nuestra actitud, con, en definitiva, nuestra vida.

Pero esta zona tiene dos inconvenientes: el primero es que nunca ocurre nada nuevo (aquí encaja muy bien una frase que me gusta un montón: «Moveos, porque en los mismos sitios pasan siempre las mismas cosas»), y el segundo es que, muchas veces, cuando nos acomodamos demasiado, dejamos de asumir retos, de aprender, de crecer, de vivir tal y como queremos. Con mucha probabilidad, nos quedamos en esta «zona de confort malo» por miedo.

zona de confort
Por eso, una vez más, somos nosotros quienes, con ese miedo, tenemos que dar el primer paso para salir de la zona de confort hacia la llamada zona de crecimiento o aprendizaje. Te recomiendo que lo hagas poco a poco, que afrontes un reto cada vez (para, así, no meterte de lleno en la siguiente zona: la del pánico).

Como te decía, esta zona de crecimiento nos asusta, porque es desconocida. Es como adentrarse en un terreno que nunca hemos pisado, no tenemos ni idea de lo que vamos a encontrar, todo es nuevo y, por eso, por el camino, cometemos errores. ¡Pero no pasa nada! ¡Es así como aprendemos! Cometemos un error, vemos lo que ha fallado y aprendemos algo nuevo. Vamos probando, dando bandazos y cambiando de dirección.

Ten por seguro que, en este viaje, el miedo te acompañará, recomendándote cada dos por tres que des la vuelta y regreses a tu zona de confort, donde todo es seguro y conocido. No le hagas caso y sigue adelante.

Mira, piensa por un momento en algo que antes hacías mal, o en algo de lo que no sabías nada, y que ahora controlas. Yo te pongo un ejemplo: conducir. Seguramente, durante las primeras clases te parecía imposible pisar el embrague, cambiar de marcha, poner el intermitente y observar la carretera ¡a la vez! Tenías la sensación de que te faltaban manos, de que no te daba tiempo a todo. Y ahora… ahora conduces de manera automática y prácticamente llegas a los sitios sin pensar en todo el proceso: embrague, marcha, intermitente, freno…

zona_confort y crecimiento

Lo explica muy bien el escritor Javier Ruescas: «Cuando nos arriesgamos, hay miedo. Miedo a equivocarnos, a descubrir que no tenemos voz, que no nos oyen, que estamos solos, que no nos entienden. Miedo a olvidar por qué lo hacemos, a perdernos por el camino. Hay que ser valiente para enfrentarse a todo ello. Hay que ser valiente para tomar decisiones. Héroes y heroínas. Para escribir, para componer, para bailar, para investigar, para enseñar, para conocer… Hay que ser valiente porque descubriremos cosas que no nos gustan. De los demás, pero sobre todo de nosotros. De nuestras posibilidades, pero también de nuestros límites».

Mi recomendación: recréate en los pequeños logros que consigas en esa nueva zona de aprendizaje. Así, seguirás motivado y te empujará a continuar. Celébralo por minúsculo que sea el avance. Sigue adelante, incluso con miedo, ¡y fuera excusas! Afronta los problemas, las dificultades que vayas encontrando, como retos, desafíos, obstáculos.

Como mi profesor de escritura nos decía en clase: «Cuando penséis “No puedo”, cambiadlo por “Hasta ahora no podía”».

Además, piensa bien qué tienes que aprender o cambiar para superarlos, busca quién te puede ayudar a aprender y, cuando algo deje de funcionar, comprueba qué está fallando para elegir una estrategia diferente. Es importante tener claro qué queremos aprender, qué queremos conseguir. Y, después, averiguar qué tenemos que aprender y dónde lo podemos encontrar.

Con el tiempo, esa zona de crecimiento que era nueva (y que nos asustaba) se convertirá en zona de confort y, poco a poco, se hará más grande. Y podremos asumir un nuevo reto.
Cintia Fernández Ruiz, autora del post
Imágenes: cabecera (Stanislav Kondratiev), viñetas (Carlos Preguer), gráfico (Cintia Fernández Ruiz)