Cuestión de actitud
Hace unas semanas tuve la oportunidad de pasar varios días en la montaña leonesa con un buen amigo montañero. Como guía experto en realizar rutas de montaña con grupos había diseñado el itinerario de las que haríamos esos días, pero quedaba un “cabo suelto”. Cada uno de los días iniciábamos la marcha en un lugar y terminaríamos en otro diferente por lo que necesitábamos un transporte para regresar al coche o al albergue una vez terminada la jornada de seis o siete horas caminando. Este asunto decidimos dejarlo a la aventura y con el optimismo de mi amigo en que encontraríamos a alguien partimos, cada mañana con la confianza de conseguirlo. Lo cierto es que lo conseguimos y nos encontramos con una persona maravillosa en el pueblo de Torrestio. Encontramos a Nori. Por la zona lo conocen como Nori el del acordeón porque es el instrumento que toca con su grupo de baile. De hecho esa misma noche tenia un “bolo” y tuvo que apartar sus instrumentos para hacerle sitio a nuestras mochilas.
El encuentro con Nori no nos dejó indiferentes, de hecho a partir de ese momento hemos pasado a referirnos a “la actitud Nori” cada vez que nos encontramos en una situación o ante una persona que muestra disposición, ganas e implicación ante las cosas. Esto es exactamente lo que Nori nos aportó. En primer lugar disposición. Cuando llegamos al pueblo apenas nos encontramos con personas y ya nos temíamos lo peor cuando en el camino vimos a dos mujeres y un hombre hablando amigablemente entre ellos. Les saludamos y aún sabiendo que no había un taxi por el lugar les preguntamos por uno, como una forma de romper el hielo y establecer contacto. Mi amigo les empezó a contar nuestra situación e inmediatamente Nori, sin haberse enterado todavía de lo que necesitábamos, preguntó: “¿Pero, qué hay que hacer?” Nuestros ojos se abrieron de par en par ante aquella pregunta. Entonces mi amigo concretó mucho más y le expuso que necesitábamos a alguien que nos hiciera de taxista para ir a recoger nuestro coche hasta Puerto Ventana y así poder llegar hasta el albergue de Torrebarrio donde nos alojábamos. Estábamos dispuestos a pagar por el trayecto como si fuera un taxi. Tragamos saliva esperando la respuesta y con algo de socarronería, una sonrisa enorme y una pizca de humor, Nori se postuló como candidato a hacernos de taxista y un poco más tarde cuando ya estábamos en el coche a hacernos de guía turístico local. Nos envió al único bar del pueblo a esperarle. Llegó al cabo de un momento acompañado de una paisana del lugar a tomarse un magnífico café escurrido, comprar un purito, y sondearnos sobre los lugares que habíamos estado recorriendo por la zona. Pensando que nos estaríamos quedando fríos nos propuso marchar y de camino nos fue contando que era allí donde había nacido y donde regresaba prácticamente todos los fines de semana desde que se había jubilado. Nos fue señalando las características de los lugares por donde pasábamos y la despoblación que se había ido produciendo con el tiempo. Y así llegamos a nuestro destino. Con la sensación de haber vivido un momento especial, la confianza en las personas totalmente activada y un agradecimiento a la vida porque aún existan personas como Nori y lugares como Torrestio.
Con su actitud, Nori logró activar una corriente de conexión y confianza entre personas que no nos conocíamos de nada. Con el optimismo de mi amigo y su propia confianza en las personas también contribuyó a esta conexión y dio lugar al encuentro.
Me gustaría destacar la “actitud de Nori” porque este tipo de disposición es lo que contribuye a que el cambio se produzca, a que el mundo avance y las cosas puedan ser de otra forma.
Victor Küppers en su libro “Vivir la vida con sentido” y en la Conferencia TED “Actitud” refiere con mucho humor y amplias dotes de comunicación la importancia de la actitud con la que enfrentamos la vida. Expone una fórmula para responder a la cuestión de ¿Cuánto vales como persona? C + H x A
En esta formula la C se refiere a los conocimientos que tienes y que son muy importantes en cualquier área de la vida en la que te desenvuelvas. Es fundamental disponer de conocimientos teóricos y técnicos a nivel profesional pero no es suficiente. También necesitamos la H de habilidad. Necesitamos entrenarnos y adquirir o desarrollar habilidades para poner en práctica los conocimientos. Es importante pero tampoco es suficiente. En la fórmula hay una A que multiplica. Los conocimientos y habilidades suman. La Actitud multiplica. Y es lo que pudimos comprobar en el encuentro con Nori. Cada vez que nos acordemos de la ruta que hicimos esos días de mayo de 2016 por la montaña de Leon recordaremos que hubo algo especial. Y esto es gracias a la actitud de Nori. Cuando volvamos por Torrestio sentiremos esa corriente de conexión y humanidad que experimentamos y volveremos a recordar el lado más humano de la vida. Cuando alguien en nuestro lugar de residencia nos pregunte por una calle o tenga una dificultad para llegar a algún sitio nos mostraremos aún más dispuestos a ayudarle. Cuando nos embarquemos en una nueva actividad y algunas personas sólo vean obstáculos diremos “Pero,¿Qué hay que hacer?”. Cuando nos enfrentemos a las situaciones que la vida nos vaya poniendo por delante tendremos en cuenta que podemos elegir una actitud. La actitud de Nori. La actitud de ¿Qué hay que hacer? en vez de pensar en “No se puede” “Eso es imposible” “¿A quien le corresponde hacerlo?”, etc.
La actitud de Nori implica asumir la responsabilidad que tenemos todas las personas respecto a nuestra propia vida. Muchas veces se compara la vida con una partida de cartas. Cuando juegas la partida no puedes elegir las cartas que te tocan. Sin embargo deseamos hacerlo y al no tener las cartas que nos gustaría nos instalamos en la queja y decidimos no jugar. Olvidamos que es imposible porque al decidir no jugar ya estamos optando por una forma de jugar las cartas y de esta actitud se derivarán consecuencias. Tenemos que jugar con las cartas que tenemos y elegir la forma en que las moveremos. Podemos elegir la actitud. Como escribe Viktor Frankl en su conocido libro “El Hombre en busca de sentido” sobre la psicologia de los prisioneros en el campo de concentración, “las experiencias de la vida en un campo demuestran que el hombre mantiene su capacidad de elección […] al hombre se le puede arrebatar todo excepto una cosa: la última de la libertades humanas –la elección de la actitud personal que debe adoptar frente al destino- para decidir su propio camino.”[20]. Cada hombre es libre interiormente para decidir, aún en circunstancias como estas, pues conserva la dignidad de ser humano, y es la libertad lo que le da a la existencia humana una intención y un sentido.”
La mayor parte de las personas no vamos a vivir unas condiciones tan adversas como la experiencia de un campo de concentración, sin embargo, al igual que Nori tenemos la posibilidad de activar nuestra opción a elegir en múltiples actos cotidianos. Cuando nos preguntamos “¿Qué hay que hacer?” “¿Qué quiero hacer ante esta situación?” ya estamos empezando a jugar las cartas desde la libertad interna de responder o no hacerlo y esto implica independientemente de los resultados que obtengamos un éxito. Implica no sentirnos víctimas de las circunstancias o el destino, sino actores protagonistas de la vida que nos ha sido dada. Cuando elegimos una actitud ante las partidas que el destino va poniéndonos por delante estamos dando sentido al sinsentido que la propia vida es. estamos escribiendo nuestro propio destino.