Construyendo nuestra libertad
“No entiendo por qué durante los últimos tres años nada me sale bien. Creo que no tengo buena suerte. No encuentro trabajo. Me levanto por las mañanas con náuseas y malestar en el estómago. Me agobio y hacia el final de la tarde siento una angustia que me atenaza el pecho. No sé que me pasa. Con mi pareja tampoco estoy bien. Nos queremos y aunque no tenemos muchos ingresos propios contamos con el apoyo de nuestros padres. No tenemos que pagar alquiler porque vivimos en una casa que tienen mis padres y que algún día será para mí. Llevamos dos años viviendo juntos desde que estuve haciendo las prácticas de la carrera. Fue una decisión un tanto precipitada porque no quería vivir sola en la ciudad. Nunca me ha gustado. Creo que no se vivir sola. Me siento muy apegada con mi familia y mis padres también tiran bastante de mi, sobre todo mi madre. Si no la llamo todos los días se enfada o me chantajea con que no la quiero y no me preocupo. Si fuera por ella aún estaría viviendo en casa. Cuando terminé el instituto quise salir fuera a estudiar psicologia pero no me dejaron. Mis padres quisieron que me quedara aquí y me matriculé en derecho. No me veo trabajando de abogada, ir a juicios y todo eso no es para mí. He pensado preparar unas oposiciones para trabajar en la Administración pero de una categoría inferior a mi titulación porque son las pruebas que más salen y después ya iré promocionando. Mi pareja es muy bueno salvo por los brotes que tiene en algunos momentos de mal genio y le da por romper las cosas. Ya ha tenido varios móviles que termina estampando contra la pared y ha roto la tele en dos ocasiones. Es sólo el pronto que tiene, luego se le pasa y se arrepiente. No sabe por qué lo hace. Yo creo que se lo han dado todo y no ha madurado. Está acostumbrado a abrir la boca y que le den lo que pide. Yo trato de ayudarle pero a veces es peor, entonces le dejo hasta que se le pase y luego hablamos. A mi me da pena verle así y no me gusta dejarle solo porque pienso que le puede pasar algo. Desde que nos conocemos lo hacemos casi todo juntos.
A mi lo que me gustaría es que me ayudaras a quitarme esta angustia y este malestar que tengo en el estomago. No soy feliz. Me siento frustrada. Creo que no estamos teniendo suerte.”
Quien se expresa de esta forma es una chica joven que acude a la consulta derivada de su médico de familia por problemas de ansiedad. Voy a llamarla Rosa. No es su nombre real pero me viene a la mente porque es como una rosa. Bonita, dulce, encantadora. Una buena chica, amable y responsable, que lleva sobre sus hombros la carga del chantaje emocional y la dependencia respecto a su familia y reproducida en su relación de pareja. A su vez su madre mantiene el mismo tipo de relación con su propia madre y el chico ha sustituido los cuidados y atenciones de su abuela con la que se crió mientras sus padres trabajaban todo el día en un negocio familiar de comercio. Rosa está atada y no es consciente. Está en una situación de víctima de su mala conciencia, del sentimiento de culpa que experimenta cuando tiene que poner límites y decirle no a las personas de su entorno. Ha aprendido unos valores de deber y ayuda, de darse a los demás que le impiden afirmarse y tomar las riendas de su vida. En el contexto donde Rosa se ha criado se considera egoísta realizar elecciones en función de lo que para uno mismo es importante. Uno tiene que sacrificarse en beneficio de los demás. Egoísmo es lo contrario de ser una buena persona. Las mujeres se ocupan de los cuidados y tienen la responsabilidad de los quehaceres domésticos. Rosa apenas ha salido fuera de su entorno, nada de viajes, ni excursiones porque su madre tenia miedo de que le pasara algo. En ese contexto hay que cuidar qué dirán los demás y no dar que hablar. La familia protege y se mantiene unida con un fuerte vínculo pero a la vez impide el crecimiento de sus miembros individualmente. Rosa me recuerda a la mariposa que no podía volar porque mientras era un gusano en su crisálida le ayudaron a romper el caparazón para que no le resultara tan duro el esfuerzo de romperlo por sí mismo. El gusano se ayudó de los agujeritos que el cuidador realizó pero al no tener que hacer el esfuerzo de romperlo se convirtió en una bella mariposa sin suficiente fuerza en las alas para volar.
Rosa como la mayor parte de nosotros está acostumbrada a dejarse llevar de lo que le hace sentir bien. Cuando le propongo que quizá le resultaría más fácil encontrar trabajo o continuar su formacion viviendo en la ciudad, ella me dice que seria bastante probable pero que no le gusta vivir sola y tampoco le gusta la ciudad. No le gusta que su madre se sienta mal. No le gusta la idea de vivir un tiempo en otro país para mejorar su nivel de inglés (algo que ha pensado varias veces y que le vendría muy bien para trabajar en su profesión).
¿Y si no nos fijamos en lo que nos sienta bien qué es lo que vamos a tener en cuenta? Para avanzar en el camino de nuestra vida, si queremos que sea rico y valioso, conviene que nos fijemos en nuestras metas y valores. No siempre avanzar por el camino de nuestros valores. aún a pesar de ser lo que queremos y lo que nutre nuestra vida, es agradable y nos hace sentir bien. De la misma forma que si comemos sólo lo que nos gusta o basamos nuestra dieta en los dulces y el chocolate estaríamos haciendo algo muy placentero pero tremendamente dañino para nuestra salud, hacer sólo lo que nos tranquiliza o nos da placer resulta contraproducente e incluso es lo que nos aparta del bienestar. Una vez escuché a una profesora de yoga que convenía mantenerse un poco más de tiempo y detenerse en las posturas que menos nos gustaran o en las que nos resultara más incómodo estar porque practicar con esas posturas era lo que realmente necesitabamos. Repetir y realizar una y otra vez la postura que nos sale bien puede ser algo muy agradable y desde luego que tiene sus beneficios, pero realizar y probar con aquellas posturas que nos resultan más complicadas o que no nos gusta realizar será una experiencia más enriquecedora. Nos permitirá aprender más cosas de nosotros mismos. Así en la vida aquello que más rechazamos es lo que puede hacernos crecer como personas y ser libres.
La libertad no es algo que viene dado. Es algo que alcanzamos con nuestro desarrollo y conocimiento personal.
“De manera que habrá que encontrar ese rumbo y empezar a recorrerlo. Y posiblemente habrá que arrancar solo… Si yo soy una persona tengo que concederme a mí mismo la libertad de ser quien soy. ¿Qué quiere decir esto? Dejar de exigirme ser el que los demás quieren que sea… Ser persona es darme a mí mismo la libertad de ser el que soy” (Jorge Bucay). Para ser una persona adulta y madura, es decir libre y capaz de hacerse cargo de sí misma y vivir en coherencia con sus metas y valores necesitamos hacer cosas que no nos gustan, elegir trayectos por los que no es tan agradable conducir porque hay obstáculos que nos paran momentaneamente o enlentecen el paso. A veces es preciso elegir aquello que no nos gusta pero que al final nos ofrece la recompensa de saber que somos capaces de ser una buena compañía para nosotros mismos. Conviene elegir aquello que momentaneamente será dificil o desagradable para alcanzar la recompensa posterior de sentirnos bien con nosotros mismos, ser más fuertes como personas. Al final la recompensa cuando estemos en el lecho de muerte será la diferencia entre poder decir “Confieso que he vivido” como el poeta Neruda o “Nunca hice lo que quise. la vida se me escurrió entre las manos”
La libertad consiste en ser capaz de elegir entre lo que es posible para mí y hacerme responsable de mi elección.
Cuando vivir solo como en el caso de Rosa, estudiar una asignatura que no nos gusta pero es necesario para terminar la carrera, levantarnos temprano, comer menos dulce, decir no a algunas propuestas de los demás, renunciar a una relación que no nos conviene, viajar alguna vez aunque no nos guste salir de lo conocido, vestirse de otra forma, es algo muy útil para madurar y hacernos cargo de nosotros mismos, conviene que lo hagamos. Que esa sea nuestra elección. Es posible elegir algo que momentáneamente nos hace sentir mal o resulta desagradable. No es fácil. No es agradable. Pero es posible y posiblemente el camino para construirnos como personas y que la vida nos merezca. Conviene abrazar y hacernos amigos de aquello que nos incomoda porque seguro que tendrá una enseñanza muy útil para nosotros. Además en el momento que decidimos aliarnos con ello ya empezamos a transformarlo. Por ejemplo, cuando estaba en tercero de carrera la asignatura más hueso era la de psicopatología. El material era muy extenso, había muchos libros de lectura obligatorios, el éxamen era de tipo test y anual, de forma que te lo jugabas todo en junio con un test de 20 preguntas y el desarrollo de un caso que sólo se podía realizar si se pasaba el test. Al principio de curso sólo mirar los libros me generaba ansiedad y se me hacia imposible ponerme a preparar la asignatura. Después una vez que iba leyendo los textos, preparando el material, haciéndome mis esquemas, seguía teniendo un cierto malestar pero me iba resultando más fácil sentarme a estudiar. Finalmente esa asignatura llegó a convertirse en algo central aquel curso. Disfrutaba leyendo y conociendo el temario. Llegué a leer más libros de los estrictamente necesarios. Me hice “amiga de la psicopatología de tercero” y eso me ayudó a aprobar pero también a cultivar la habilidad de la persistencia y ser capaz de luchar por algo aun cuando la recompensa está muy lejana en el horizonte.
En ocasiones abrazar y aceptar lo que no nos gusta es necesario aunque vaya en contra de la lógica o de la tendencia actual de hacer sólo lo que nos sienta bien o nos da felicidad. Abrazarlo y aceptarlo como si fuera lo que mas queremos, aunque es lo que más rechazamos y repelemos. No es ninguna locura sino una forma de construir una vida valiosa y significativa. La propuesta consiste en dejar de luchar y resistir contra eso que no nos gusta y empezar a tratarlo como si lo amaramos. Esperamos tener autoestima, ser felices, sentirnos fuertes con nosotros mismos, hacer lo que que queremos, pero esperamos que eso nos venga dado. La autoestima se construye en cada acción que realizamos de autocuidado. Cada vez que elegimos decir no aunque inicialmente nos sentimos incómodos. Cada vez que elegimos lo que queremos aunque nos estén aconsejando otra cosa más socialmente aceptable. La fortalece se construye cada vez que hacemos algo que no nos gusta pero que al final resulta significativo para aprobar un examen, terminar la carrera o encontrar un trabajo que nos gusta. Lo que deja huella son las acciones. La vida se construye haciendo. Sentir o pensar no es lo mismo que hacer. Incluso como dice el psicólogo Raúl Borgialli en su Psico-Vlog “Psicologia Budista y Jung: integrar la sombra” “uno construye la autoestima con las cosas que elige hacer, eso se transforma en que termina también construyendo algo externo con las acciones de estudiar a conciencia, todos los días, de forma metódica, proponerse algo y cumplirlo, uno está construyendo aprobar una carrera y licenciarse. Para esto el ser tiene que dominar a la mente. Si seguimos rechazando y resistiendo (lo que no nos gusta o a las personas que nos incomodan) es porque esa materia o persona hace de espejo reflejando partes de mi que rechazo, que me resultan detestables. Quiero romper el espejo como la madrastra de Blancanieves. Lo mejor es dejar de odiar el espejo, ver que refleja y hacer las paces o cambiar lo que podemos cambiar. “Hacerme amigo del monstruo”. Aceptar la sombra e incorporarla a las partes luminosas de mí mismo”
La vida que construimos todos los días es la casa donde vivimos.