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¿Por qué fracasamos en la resolución de los conflictos?

Existe un conflicto interpersonal cuando…

Alguien encuentra en el comportamiento de los demás, en sus necesidades y objetivos un obstáculo que se interpone en el logro y satisfacción de los propios. Habitualmente cuando esto sucede tratamos de hacer valer nuestras necesidades e intereses, del mismo modo que nuestros oponentes hacen valer los suyos. No siempre resulta fácil resolver conflictos. Sobre todo cuando las personas implicadas quieren hacer valer su punto de vista, sus intereses y necesidades, desplegando todo tipo de recursos defensivos y ofensivos cuando los ven en peligro. El conflicto es parte inseparable de las relaciones humanas.

Una historia muy real
Dos hermanos discutían acaloradamente por la posesión de una naranja fresca. Ambos la querían y polemizaban para ver quien se la quedaría por fin. Cuando uno se hacía dueño de ella, el otro se la arrebataba violentamente. Cada uno de ellos consideraba al otro como un contrincante que se interponía en su deseo y en su necesidad de poseer la naranja. Llegaron incluso a los insultos y hasta a la agresión física. Por fin, sin embargo, se detuvieron a pensar un rato y decidieron que se estaban dañando inútilmente y negociaron una solución razonable.

¿Cuál fue a tu juicio la solución razonable que negociaron?
Los dos adoptaron la solución salomónica: la partieron por la mitad.

Sin embargo, a pesar de haber parado la discusión y tener un acuerdo se puede decir que sólo habían satisfecho sus necesidades en parte ¿Por qué? Pues porque no se pararon a preguntar para qué quería cada uno la naranja. Cada uno dio por hecho que el otro quería la naranja entera para lo mismo y no era así. Resultó que uno de los hermanos cuando tuvo la mitad de su naranja, se comió la pulpa y absorbió el jugo porque estaba muy sediento, tirando la cascara. El otro hermano cogió su mitad y utilizó la cáscara para hacer una tarta. Podemos entender ahora por qué ninguno pudo satisfacer plenamente sus necesidades. El primero no consiguió calmar su sed con la mitad de la naranja, mientras que al segundo le fue insuficiente la mitad de la cáscara para hacer su tarta. Si pudieran volver al principio del conflicto quizá ahora sí que empezarían por el primer paso y quizá más importante en cualquier proceso de negociación o de resolución de conflictos y es expresar cada uno los intereses y necesidades que tiene y los objetivos que le gustaría alcanzar. Un hermano podría haber dicho que “necesito la naranja entera porque tengo mucha sed y me gustaría saciarla” el otro podría haber dicho “quiero la naranja porque he pensado hacer un tarta para el postre y necesito la cáscara para darle aroma”

¿Por qué fracasamos en la resolución de los conflictos?

Hablamos de forma inadecuada. Se utiliza un estilo de comunicación cargado de frases que invalidan, juzgan, acusan, reprochan e incluso insultan a la otra persona.

“Tú te crees que puedes hablarme de esta forma. Lo que a ti te pasa es que no tienes en cuenta  a los demás. Eres una egoísta.” (mensaje tu: acusa; etiquetar: minusvalora)

No nos creemos que tenemos capacidad para resolver conflictos.

“Renuncio a tratar de arreglar nada con una persona como tú que no atiende a razones” “Es que no quieres escuchar ni entrar en razón, así no puedo hablar contigo”

Discutir sobre posiciones inamovibles, en vez de sobre necesidades, intereses y sentimientos.

“Este es tu problema y tú verás lo que tienes que hacer, pero yo así no puedo seguir” en vez de interesarte por los motivos, las necesidades que tiene el otro o los sentimientos que está teniendo en el momento.

Utilizar la estrategia de YO GANO/TU PIERDES. Esta estrategia puede proporcionarnos una pequeña victoria en el momento pero a un coste muy alto poco más adelante.

“Pues, no vas a ser tú quien se salga con la suya, yo ahora mismo me voy”.

Discutir sobre el pasado, en vez de hacerlo sobre cómo lograr satisfacer las necesidades respectivas. Embarcarse en sacar a colación todas las veces anteriores en que algo ha sucedido o no se llegó a un acuerdo. Acusar al otro de que “siempre es igual”. En vez de centrarse en lo que ahora podemos hacer, en la necesidad que estamos teniendo en este momento.

“Siempre haces lo mismo. Ya hemos hablado muchas veces de este tema y tú no dejas de insinuarme que la culpa la tengo yo.”

Olvidar que los conflictos no se resuelven hacia atrás sino hacia adelante.

“Acuérdate de cuando te decía esto mismo y no me hacías caso. Esto ya lo veía venir. Si me hubieras hecho caso ahora no estaríamos así”

Definir el problema en términos de una solución propuesta.  en vez de preguntar al otro cómo lo ve o qué le parece. Otras veces será necesario exponer las necesidades, preocupaciones e intereses respectivos y las alternativas que los pueden satisfacer desde el punto de vista de cada uno.

“Aquí lo que tenemos que hacer es llegar primero” “esto se resolvería si tú hicieras…”

“Se exactamente lo que estás pensando” Decir o dejarte llevar por esta presuposición es el camino directo al bloqueo en la comunicación.

Creer que “resolver el problema del otro es problema del otro” Considerando que yo no tengo nada que ver y no es necesario que haga nada, dado que si el otro cambia entonces todo estará resuelto. Sin embargo, en la mayor parte de las ocasiones en un conflicto son dos las partes implicadas y además siempre puedo elegir algo que esté en mi mano para desbloquearlo. Esta es una libertad que nadie me puede quitar. Conviene pensar que el otro es un recurso para el logro de mis objetivos y yo lo soy para los del otro.

“Todo iria bien si mi pareja dejara de hacer esto, si empezara a ver las cosas de otra forma y fuera más tolerante”

Considerar que las necesidades e intereses del otro no son legítimos. Que las cosas son como yo las veo o como yo las necesito y “esta es la verdad”. Desafortunadamente la “VERDAD” absoluta no existe, existen “verdades” tantas como personas existimos.

“No entiendo por qué ve las cosas de esa forma, a mí no me pasa nada de eso”

Menospreciar el proceso de exploración de varias alternativas de solución. Bloquear el diálogo y la búsqueda de opciones u alternativas diciendo poniendo trabas desde el principio a todo lo que el otro va sugiriendo.

“Eso no va a funcionar. De esa forma sólo vamos a conseguir perder más tiempo”

 Fuente: Manual para la ayuda psicológica: Dar Poder Para Vivir. Mas Alla Del Counseling (2006)
de Miguel Costa Cabanillas y Ernesto Lopez Mendez.