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A propósito de Inside Out. Una visión desde la Terapia de Aceptación y Compromiso

Tenía ganas de ver la última película de Pixar “Del Revés” (Inside Out) y no me ha defraudado en absoluto. Esta es mi visión como psicóloga desde la Terapia de Aceptación y Compromiso.

La trama de la película trata de una niña de once años que se traslada con su familia desde Minnesota, en el medio oeste de EEUU hasta San Francisco, por motivos laborales de su padre. Esta circunstancia le supone a Riley (nombre de la protagonista) enfrentarse a un reto difícil dado que tiene que dejar atrás amigas de la primera infancia, su equipo de hockey, su casa y en definitiva todo el mundo que hasta el momento le ha sido familiar y en el que ha sido feliz.

Para enfrentar este reto Riley cuenta con sus emociones: alegría, miedo, ira, asco y tristeza que irán desde dentro manejando los mandos para ayudarla. Lo que sucede es que en la “unidad central” de las emociones surgirá el caos cuando tristeza se desmanda un poco, algo que alegría no considera adecuado. Ésta tratará por todos los medios de que tristeza esté feliz. Alegría utiliza todos sus recursos para conseguir que tristeza deje de generar problemas contaminando con su ánimo los recuerdos de la niña, pero lejos de conseguirlo no hace más que empeorar las cosas. Al desaparecer Alegria y Tristeza de la “Unidad de control” el resto de las emociones no saben muy bien cómo actuar y no se ponen de acuerdo en qué hacer para afrontar el cambio de la vida de Riley. Me gustaría destacar algunas conclusiones a nivel psicológico que podemos aprender de esta película.

En primer lugar, me parece interesante la propuesta de presentar las emociones como entidades personificadas, así podemos ver que cada una tiene comportamientos como llorar, alegrarse, quejarse, gritar o esconderse y tratar de huir propios de la emoción que representan. Podemos ver las emociones así representadas como entidades diferentes de la niña. En la Terapia de Aceptación y Compromiso y en otras orientaciones como el Mindfulness se trabaja para que la persona pueda tomar distancia de sus “eventos privados”, es decir, de sus emociones y pensamientos. Esta suele ser una labor difícil porque la tendencia del ser humano es a identificarse con ellos. De forma que no es difícil escuchar a una persona que sufre por crisis de ansiedad “yo soy muy nerviosa” o a quien tiene pensamientos intrusivos desagradables decir “Pienso unas cosas horribles”. Ambas expresiones están indicando un grado de identificación del ser (yo) con las experiencias internas que está experimentando (contenidos del yo: emociones y pensamientos). Hasta que la persona no pueda separar o tomar distancia de esas experiencias seguirá sufriendo la ansiedad o los pensamientos de una forma muy limitante y con poca convicción en sus habilidades de enfrentamiento. Ver las emociones como algo diferente del individuo que las tiene supone un ejercicio de toma de perspectiva muy necesario y a partir de ahora esta película pueda ayudarnos como una buena metáfora para conseguir este propósito.

En segundo lugar, me parece un acierto del film considerar que todas las emociones son buenas, es decir, todas tienen su función y por tanto son necesarias e importantes. Al principio alegría es la primera que aparece en la pantalla y la que parece dirigir al resto, la supervisora que organiza el trabajo del resto. Hasta que inicia el periplo con tristeza por diferentes regiones de la memoria a largo plazo tratando de volver a la unidad. En este viaje de ambas alegría comprende que tristeza es de ayuda cuando ve como ésta se sienta a escuchar a uno de los personajes que está llorando por algo que ha perdido. Tristeza empaliza con su dolor y validándolo consigue que el personaje pueda integrarlo y seguir adelante. Exactamente esta es la función que tiene la tristeza para las personas, conectarnos con el dolor de la perdida, llorarlo y así poder hacernos a la idea de que tendremos que seguir adelante sin que aquello que tuvimos. La tristeza ayuda a pasar página y abrirnos a las nuevas experiencias que están por llegar. A veces, durante la terapia se plantea a las personas la siguiente cuestión imagina que tuviera una varita mágica y que estuviera dispuesta a ofrecértela como regalo, con ella podrías eliminar para siempre los sentimientos de tristeza, las ganas de llorar y las sensaciones desagradables relacionadas con la tristeza que experimentas en ocasiones; pero a cambio de esto no podrías experimentar la sensación de estar unido íntimamente a alguien, no podrías amar de una forma profunda, no podrías establecer vínculos importantes con tus seres queridos. ¿Qué eliges? ¿Quieres la varita mágica o quizá puedes aprender a hacerle un hueco a esos sentimientos de tristeza sin con ello puedes construir vínculos profundos y significativos? La mayor parte de las personas mirándome con cara de “visto de esta forma” manifiestan que quizá no sea tan malo tener esos sentimientos de vez en cuando. Puede verse como una faena o juzgar este planteamiento terapéutico como una especie de tortura masoquista. No es así. Recuerda que hay cosas que las personas no podemos elegir. No elegimos cuando nacemos, ni cuándo o cómo enfermamos, así que no sirve de mucho plantearse que no queremos enfermar o morir. Claro que no lo queremos, pero es inevitable y no está bajo nuestro control. Está en nuestra mano elegir vivir y hacerlo de la forma más coherente y significativa posible con nuestros valores. Hay un libro muy recomendable que expresa maravillosamente esto que estoy diciendo. “Llenaré tus días de vida” está escrito por la periodista Julliand Anne-Dauphin madre de una niña que nació con leucodistrofia metacromática, una enfermedad rara que le diagnosticaron a los dos años y que la llevó a la muerte cuando tenia cinco. El ejemplo de esta madre es conmovedor y queda reflejado en este propósito que se hizo cuando conoció el diagnóstico “Vas a tener una vida bonita. No será como la de las demás niñas, pero será una vida de la que podrás sentirte orgullosa. Y en la que nunca te faltará amor.” Y a ello se dedicó en colaboración con su marido hasta que la niña murió. Creo que decidir enfrentar esta circunstancia tan traumática para cualquier madre o padre sólo se puede conseguir desde la aceptación de lo que les toca vivir, enfocándose en lo que depende de ellos y por tanto pueden cambiar.

En tercer lugar, la película en la medida que muestra todas las emociones como importantes nos sugiere una estrategia que puede resultar útil a la hora de manejarnos con ellas. La estrategia de la aceptación. Podemos experimentar las emociones, respirándolas y observándolas con conciencia plena, y elegir el tipo de comportamiento que vamos a realizar aunque eso suponga hacer lo contrario de lo que nos piden nuestras emociones. En vez de tratar de eliminar las emociones que no dos gustan podemos hacerles hueco, dejarlas estar dentro de nosotros observándolas sin juicio y sin hacer ningún tipo de análisis. Es como si nos dijéramos “Ahora estoy notando un puño a la altura del estómago, es grande y pesa, parece que se mueve en círculos, va aumentando de intensidad, ahora baja, noto como aprieta….” Simplemente estaríamos actuando como un notario de lo que experimentamos en ese momentos, describiendo unos hechos, en vez de juzgarlos y valorarlos como algo inadecuado. Esta estrategia no es una forma más sofisticada de quitar la emoción (aunque muchas veces lo podemos utilizar con este fin y entonces nos encontramos con el resultado habitual de la resistencia, se hace más fuerte) es una manera de aceptar lo que hay, de reconocer lo que es y por tanto de hacerle un espacio y dejar que fluya como sea que quiera hacerlo. Es tomar la actitud de darle permiso a esa sensación o emoción para estar ahí. Puede ayudarnos a conseguir este fin saber que ninguna emoción y ningún pensamiento es eterno, su propia naturaleza es cambiante, vienen y van, eso sí cuando les da la gana y cómo les da la gana. Kristin Neff, investigadora en el tema de la compasión hacia uno mismo y prácticamente de minfulness lo expresa de esta forma: “… Cuando percibimos nuestro dolor sin exagerarlo se produce un momento de mindfulness. Consiste en observar lo que ocurre en nuestro campo de conciencia tal como es: aquí y ahora… El mindfulness se considera una forma de metaconciencia, es decir una conciencia de la conciencia. En lugar de sentir ira sin más, soy consciente de que en este momento estoy sintiendo ira… Cuando eres consciente de que estás experimentado determinados pensamientos y sentimientos, dejas de estar perdido en la trama… Diferenciar la conciencia en si misma de su contenido. Dentro del marco de nuestra conciencia surgen todo tipo de cosas: sensaciones físicas, percepciones visuales, sonidos, olores, sabores, emociones, pensamientos… Todos estos elementos son contenidos de nuestra conciencia, cosas que vienen y van. Los contenidos de la conciencia están en constante cambio… La conciencia no cambia.”

En cuarto lugar, aunque en la película pudiera parecer que estamos en manos de nuestras emociones quiénes nos controlan maniobrando unos botones internos, esto no es así. La palabra emoción deriva del verbo latino emovere: e/ex (de, desde) y movere (mover) por lo que literalmente emoción significa mover hacia y en este sentido cumplen una función adaptativa. Es una señal de respuesta ante las situaciones que vivimos y las cosas que nos importan. Según Coca, Arranz y Díaz “La verdadera inteligencia emocional consiste en dirigir –no en controlar- nuestros impulsos, ser capaces de auto-motivarnos, de aplazar respuestas y reflexionar, de reconocer las emociones en los demás y de manejar con éxito estas relaciones”. Las emociones nos ayudan pero quienes manejamos nuestra vida somos nosotros eligiendo (con la información que obtenemos de aquellas) la conducta en función de nuestras metas y valores.Aunque no nos demos cuenta lo hacemos en muchas ocasiones, por ejemplo cuando no nos apetece en absoluto hacer algo y sin embargo lo hacemos porque hemos adquirido un compromiso. No nos apetece salir a las siete de la mañana para ir a trabajar pero lo hacemos porque tenemos ese compromiso. Si dejáramos que la emoción tomara el mando nos daríamos la vuelta en la cama y seguiríamos durmiendo hasta bien entrada la mañana.