El mito de la autoestima
Algunas personas me comentan que se sienten mal porque no tienen autoestima, o bien que carecen de ilusión y se comportan como autómatas, no realizan actividades o se embarcan en proyectos que les gustaría, tienen dificultades en sus relaciones de pareja por el mismo motivo. Consideran la autoestima como la causa de los problemas y acuden a la consulta buscando mejorarla para darle un rumbo a su vida. Está ampliamente extendida la creencia de que la autoestima es un factor causal de nuestras dificultades y sin embargo ¿Es realmente así como funciona la autoestima?
Russ Harris en su libro “Cuestión de confianza” refiere un estudio realizado en el año 2009 por un equipo de psicólogos canadienses, Joanne V. Wood y John W. Lee, de la Universidad de Waterloo, y WQ Elaine Perunovic, de la Universidad de New Brunswick. El estudio titulado “Autoafirmaciones positivas: poderosas para unos, peligrosas para otros” mostraba que en realidad las personas con baja autoestima acaban sintiéndose peor después de repetirse a sí mismas autoafirmaciones positivas como por ejemplo “Soy una persona adorable” o “Voy a triunfar”. Harris plantea que esto puede explicarse debido a que las autoafirmaciones positivas en estas personas es probable que desencadenen una reacción negativa, con el consiguiente desánimo. Si una persona con baja autoestima se dice a sí misma “Soy una persona adorable”, su mente le va a contestar “no, no lo eres” y a continuación le va a presentar toda una lista de razones por las que no se puede considerar adorable. Por otro lado, cuando a esas personas se les dice que está bien tener pensamientos negativos sobre uno mismo se les levanta el ánimo.
Resulta difícil concebir que los pensamientos no causan lo que hacemos dada la machacona insistencia de los gurús de la autoayuda y también de algunas corrientes de la psicologia en esta cuestión. Los pensamientos son una cosa y el comportamiento es otra. En realidad si los pensamientos causaran la conducta ¿te imaginas la cantidad de cosas absurdas que haríamos cada día? no siempre seguimos al pie de la letra nuestros pensamientos, sino que más bien hacemos lo contrario, por ejemplo cuando tenemos el pensamiento de “no merece la pena seguir estudiando porque voy a suspender igual” y sin embargo, seguimos estudiando e incluso nos presentamos al examen y hasta lo aprobamos. Doy fe que ese ha sido uno de los “pensamientos favoritos” que me ha dado mi mente a lo largo de mi vida estudiantil. En pocas ocasiones tenia el pensamiento de que iba a aprobar aunque eso no impedía que siguiera estudiando. Aún hoy me cuesta entender cómo conseguí aprobar con la poca confianza que mi mente tenia en ello. Perseverar en el estudio a pesar de mis pensamientos fue en realidad lo que hizo que pudiera terminar la carrera y colgar el flamante título de licenciada en psicologia en la pared.
Podemos decir que entre los pensamientos y la conducta hay correlación, en presencia de determinados pensamientos puedo realizar una conducta pero eso no significa que el pensamiento ha causado la conducta. Tenemos un margen de libertad de nuestros pensamientos para poder elegir lo que hacemos en función de nuestras metas y objetivos vitales.
Se concibe la autoestima como un estado mental. Un sentimiento o concepto valorativo del ser que somos y que recoge todos los pensamientos, sentimientos, sensaciones y experiencias que hemos tenido e interiorizado a lo largo de nuestra vida. Es la imagen que hemos creado de nosotros mismos y supone un concepto de quienes somos y la valoración positiva o negativa. Desde muy temprano en la infancia empezamos a tener un concepto que parte de cómo nos ven los otros, generalmente nuestros padres y personas significativas, y que vamos interiorizando como propio.
Normalmente cuando se trata el tema de la autoestima se distingue entre el autoconcepto, en referencia a quien creo que soy y la autoestima, valoración positiva o negativa que hago de mi misma. Efectivamente vamos creando una idea de lo que somos a partir de los mensajes que escuchamos en el entorno y también adquirimos la capacidad para valorarnos lo que resulta más discutible es que la autoestima alta es la causante de nuestros éxitos, mientras que una autoestima baja nos lleva al fracaso.
Los seres humanos tenemos mucha más capacidad de control sobre lo que hacemos que sobre nuestros pensamientos y emociones. Por ello conviene que nos centremos en la conducta si queremos conseguir nuestras metas y dejemos de prestarle atención a otras variables que se nos escapan como el nivel de autoestima que tengamos.
Lo que he aprendido personal y profesionalmente es que si me centro en poner en práctica lo que quiero, si me muevo en la dirección de las cosas que me importan, si me construyo una vida en la que me merece la pena estar, si me muevo aunque sea dando pasos pequeños hacia las cosas que quiero, antes o después mi autoestima sube y me siento bien conmigo misma. En realidad podríamos decir que la autoestima es más la consecuencia que la causa. En la medida que realizo una vida significativa para mi, el termómetro de la autoestima sube y cuando me aparto de lo que me importa o sigo lo que otros creen que es mejor para mi vida, el termómetro baja. Incluso las personas que vienen a la consulta porque creen que tienen poca autoestima y esto es la causa de sus males, en algunos momentos se han encontrado mejor consigo mismas y han tenido una buena valoración de sí.
Según Nathaniel Branden, uno de los psicólogos que más ha trabajado sobre la autoestima, los pilares de la misma son la percepción de autoeficacia (hasta que punto me veo capaz de realizar una conducta junto a la confianza en mis propios recursos personales) y la autodignidad (un sentido de mérito personal y la seguridad de mi valor y derecho personal a vivir y ser feliz). A partir de estos pilares en la mayor parte de los libros de autoayuda se sugiere la practica diaria de afirmaciones positivas para convencerte de la capacidad que tienes de hacer lo que te propones y que mereces respeto y amor como la persona única y valiosa que eres. Probablemente de aquí ha surgido toda esa colección de frases automotivadoras y eslóganes positivos para una vida feliz que vemos por todas partes, desde las tazas del desayuno, hasta los diseños de panaderías y cafeterías.
Si alguna vez has puesto en practica el ejercicio de hablarte en positivo, colocar carteles en la mesa de trabajo con frases positivas o repetir mentalmente mantras de superación es probable que ya te hayas dado cuenta de que no funciona.
Aunque lo más probable es que en vez de llegar a la conclusión de que no funciona la estrategia te hayas convencido de que no funcionas tú porque no puede ser posible que tantos libros y tantas personas que hablan del tema estén mintiendo o puedan estar equivocadas. Si aún no estás convencida de que no funciona te propongo un ejercicio:
Con los ojos cerrados repite mentalmente los siguientes pensamientos tratando de creértelos al 100% y observa qué hace tu mente. Empezamos…
“Soy una persona valiosa” “Soy una persona realmente valiosa y capaz” “Soy una persona que merece amor y respeto” “Soy una persona perfecta y digna de amor”
Párate un momento y observa qué hace tu mente con esta información.
Ahora vas a hacer lo mismo pero esta vez repitiendo los siguientes pensamientos negativos:
“Tengo faltas como persona” “No soy perfecto como persona” “Cometo errores y fallos importantes” “No valgo como persona” “No valgo nada como persona y no hay nada en mi que sea positivo”
De nuevo, nota qué ocurre en tu mente.
Si has hecho el ejercicio repitiendo mentalmente estos pensamientos es bastante probable que te hayas dado cuenta del funcionamiento de la mente. En el primer caso quizá habrás notado que aparecían otros pensamientos como “eso no es cierto” “si, si, una persona valiosa…, eso es mentira” “no eres perfecta, cómo vas a ser perfecta” y en el segundo caso, es posible que tu mente te haya dado otros pensamientos como “vale cometo errores pero todos los cometemos” “tampoco es que no valga nada” “alguna cosa positiva si que tengo”
En general parece que cuanto más extremos son los pensamientos positivos, más resistencia hace la mente generando otros pensamientos negativos y mientras más negativos son los pensamientos más resistencia opone generando otros positivos. Podemos decir en este sentido que es difícil para el ser humano disfrutar de paz mental al nivel del pensamiento porque cada polo trae su opuesto. Podemos conseguir paz mental cuando observamos los pensamientos (independientemente de que sean positivos o negativos) con distancia como se realiza durante la practica de la meditación.
Las afirmaciones y pensamientos positivos no son ni buenos ni malos, simplemente no funcionan para cambiar o cambiarnos porque lo realmente útil son las acciones que realizamos.
Si te cuento que quiero mucho a una persona pero luego me ves hablando mal de ella, contestándola con malos modos, ignorándola, etc. es probable que no le des mucho crédito a mis palabras y llegues a la conclusión de que en realidad no debo tenerle mucho aprecio. En cambio quizá no me oigas decir nada de ella pero observas que tengo gestos de cariño, que le pregunto o le ofrezco mi ayuda, que la trato con amabilidad, lo más probable es que mi conducta te lleve a concluir que debo querer
En cualquier manual para mejorar la autoestima se expondrá que tener una autoestima alta es muy importante porque “de la valoración que uno haga de sí mismo dependerá lo que haga en la vida y su participación en ella” (extraído de un dossier sobre autoestima y motivación) Además sigue el artículo “desarrollar una actitud positiva hacia nosotros mismos, nunca resultará algo excesivo… La autoestima hace reaccionar buscando la superación de los fracasos… Fundamenta la responsabilidad. Apoya la creatividad. Determina la autonomía personal. Facilita buenas relaciones sociales. Es garantía de futuro. Lleva a la autorrealización. Enriquecer su vida. Etc”. Casi nada! Pareciera que la autoestima fuera la panacea a todos nuestros males. Hemos leído tantas veces este tipo de datos que los damos por buenos, sin embargo, la investigación de nuevo nos muestra un panorama algo diferente. La American Psychological Asociation encargó a un grupo de trabajo que investigara si este tipo de datos eran ciertos. Un grupo de cuatro psicólogos R. Baumeister, J. Campbell, J. Krueger y K. Vohs revisaron un número importante de estudios publicados a lo largo de años. Buscaron evidencias científicas que confirmaran o refutaran datos como los mencionados y descubrieron que no es cierto que aumentar la autoestima mejora el rendimiento, ni que las personas con autoestima alta son más agradables, tienen mejores relaciones o son mejores líderes. Además vieron que una alta autoestima tiene relación con el egoísmo, el narcisismo y la arrogancia; también tiene relación con prejuicios y discriminaciones, con el autoengaño y con actitudes defensivas frente a comentarios sinceros
Si has llegado leyendo hasta aquí quizá en este momento sientas como si te hubiera echado un jarro de agua fría por encima. Tanto tiempo tratando de subir la autoestima o pensando que las cosas no te salían bien por la baja autoestima que llevas arrastrando desde siempre y ahora resulta que no es tan importante. Incluso es hasta contraproducente tenerla alta. Si te encuentras en un cierto estado de desesperanza, a punto de dejar de leer cualquier cosa de psicologia que caiga en tus manos, puedo darme por satisfecha (la verdad es que no tengo ninguna vocación sádica, sólo es que a veces es necesario desencantarse un poco para desde ahí tomar un nuevo rumbo) porque mi propósito en este artículo era precisamente animarte a dejar a un lado el trabajo de la autoestima. Me gustaría haber contribuido un poquito a desbancar esa creencia tan arraigada de que si las cosas no salen como quieres o si te encuentras insatisfecha/o contigo misma/o es porque tienes baja la autoestima.
En el siguiente artículo me centraré en exponer una alternativa a la autoestima.