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La Auto-aceptación

La autoaceptación es la alternativa al trabajo de aumentar la autoestima.

Empezamos en el artículo anterior por cuestionar el mito de la autoestima y proponía dejar de invertir energía en aumentarla dados los efectos contraproducentes que se han observado con el trabajo de la misma. Ahora me propongo ofrecer una alternativa que quizá te apetezca explorar y ver si puede ser útil para tí.

Desde la terapia de Aceptación y Compromiso se propone la aceptación del ser que somos con sus cualidades positivas y negativas, sus fortalezas y debilidades, sus luces y sus sombras. La alternativa es la autoaceptación.

En realidad es la mente analítica (el lenguaje o voz interna) quien valora y califica como bueno o malo el ser que somos. Vamos incorporando etiquetas e “historias” de nosotros mismos que como si fueran possit se van pegando a nuestra piel y a nuestro ser hasta formar una identidad y esto es lo que decimos que somos. ¿Pero, esto es lo que somos?.

Yo soy Azucena (¿Soy un nombre nada más?) Yo soy Psicóloga (¿Soy una profesión?) Yo soy callada (¿Soy una cualidad?) Yo soy lectora (¿Soy una actividad?) No, no soy ninguna de esas cosas. Tengo un nombre (Azucena), Tengo una profesión (psicologia), A veces me mantengo callada (realizo una conducta) y disfruto leyendo (realizo algo que me gusta).

Te propongo un ejercicio que me resultó muy útil para empezar a despegar etiquetas.


Yo soy – Yo no soy
Puedes sentarte o tumbarte y durante unos minutos expresa en voz alta “Yo soy..” repite estas dos palabras hasta que te vayan saliendo cualidades o características de ti misma. Si te quedas bloqueado repite “Yo soy” hasta que te salga algo. Ve diciendo una sola frase cada vez de forma que puedas escucharte. Es importante que siempre empieces las frases de esta forma “yo soy…”. Si tienes confianza con alguna persona quizá te apetezca hacerlo con ella. Os colocáis frente a frente y mientras la otra persona solo escucha tu vas repitiendo “Yo soy…” Después de unos cinco minutos cambias de expresión y comienzas a decir “Yo no soy…” de la misma forma, repitiendo cada vez la fórmula sin dar explicaciones ni hacer comentarios, simplemente enunciar frases que empiecen de esa forma y repetir “Yo no soy” en alto hasta que te venga algo.
Por último y siguiente el mismo método expresas en voz alta “Yo soy pero a veces…” “Yo no soy pero a veces…”


En mi caso podría decir que…

Yo soy comunicativa
Yo soy cerrada
Yo soy seria
Yo soy generosa
Yo soy estudiosa
Yo no soy vengativa
Yo no soy pasota
Yo no soy perezosa
Yo no soy risueña
Yo no soy pesimista
Yo soy comunicativa pero a veces me cierro
Yo soy cerrada pero a veces participo, hablo y animo a los demás
Yo soy seria pero a veces puedo reírme hasta las lágrimas
Yo soy generosa pero a veces no comparto lo que tengo
Yo soy estudiosa pero a veces no lo hago
Yo no soy vengativa pero a veces me recreo pensando en devolver un agravio
Yo no soy pasota pero a veces no colaboro
Yo no soy perezosa pero a veces aparco para otro momento las cosas
Yo no soy risueña pero a veces me río de cualquier cosa
Yo no soy pesimista pero a veces creo que todo saldrá mal

Si has hecho este ejercicio en voz alta (incluso escribiéndolo) es probable que te hayas dado cuenta después de pasar por todas las fases, de que lo que creo que soy en realidad son comportamientos que realizo. También que hay veces que lo soy y otras no por lo que no estamos hablando de quien soy en esencia, sino de características que a veces se manifiestan y a veces no.

Entonces, ¿Quien soy yo?
Te propongo otro ejercicio para que tu misma puedas llegar a alguna conclusión y desde tu experiencia contestarte esta cuestión. Mi sugerencia es que leas primero las instrucciones del tirón y después realices el ejercicio. También puedes escuchar el audio que he preparado o hacerte tu propia grabación en el móvil y así puedes llevarlo contigo y practicar siempre que quieras.


 

Escoge una postura cómoda sentado en una silla o sofá de forma que puedas mantener durante unos minutos la espalda recta, en línea con el cuello y la cabeza, como si un hilo saliera de tu coronilla y alguien estuviera en el techo tirando de él hacia arriba. Cierra los ojos y acomódate para pasar unos minutos como observador del mundo que hay alrededor de ti y dentro de ti mismo. No hagas ningún esfuerzo por hacer surgir nada, no hay nada que tengas que crear. Sólo observa, como testigo de lo que aparece dentro y fuera de tu cuerpo.
Empieza por darte cuenta del mundo a tu alrededor. Mira lo que tienes delante y alrededor tuyo, los muebles y objetos de la habitación si estás dentro de un lugar, o el cielo, las nubes si estás fuera. Observa los muebles. Observa los objetos. Sólo mira. Nota que esto no requiere ningún esfuerzo por tu parte. Estás aquí y ahora, en el presente, observando lo que llega a tus ojos y tu cerebro, sin hacer ningún esfuerzo. Date cuenta de que hay una conciencia de los objetos sin esfuerzo. Tú, sencillamente y sin esfuerzo, eres testigo de ellos.
Ahora cierra los ojos y nota tu cuerpo en este momento. Observa las sensaciones de tu propio cuerpo. Puedes ser consciente de cualquier sensación que esté presente en tu cuerpo –tal vez la presión sobre el lugar donde estás sentado, tal vez el calor en tu barriga, o quizás cierta tirantez en tu cuello- Incluso si alguna sensación es más fuerte, tú puedes ser consciente de ellas sin hacer ningún esfuerzo. Tú no eres las sensaciones que tienes. Tú observas. Eres testigo de esas sensaciones.
Mira a los pensamientos que surgen en tu mente. Puede que localices diferentes imágenes, símbolos, conceptos, deseos, esperanzas y miedos, surgiendo espontáneamente en tu mente. Aparecen, están un instante y pasan de largo. Esos pensamientos y sentimientos surgen en tu conciencia presente y tú sólo observas. Tú, simplemente y sin esfuerzo, eres testigo de todo eso.
Entonces, date cuenta: puedes ver las nubes o el cielo, los objetos externos porque tú no eres esas nubes ni esos objetos –eres el testigo de esas nubes-. Puedes notar las sensaciones de tu cuerpo porque tú no eres esas sensaciones –eres el testigo de esas sensaciones-. Puedes ver pensamientos flotando porque tú no eres esos pensamientos –eres el testigo de esos pensamientos-. Espontáneamente y naturalmente, esas realidades surgen, por sí mismas, en tu conciencia presente y sin esfuerzo.
Entonces, ¿quién eres tú? No eres los objetos de fuera, no eres tus sensaciones, no eres tus pensamientos –tú eres testigo, observas, todas esas cosas, por eso, tú no eres esas cosas-. ¿Quién o qué eres tú?
Nota que tienes sentimientos pero no eres esos sentimientos. ¿Quién soy? Tengo pensamientos pero no soy esos pensamientos. ¿Quién soy? Tengo deseos pero no soy esos deseos. ¿Quién soy?
Permanece en la actitud de testigo. Observador. No trates de ver ninguna cosa. Cualquier cosa que surja está bien. Las nubes flotan en el cielo, las sensaciones flotan en el cuerpo, los pensamientos flotan en la mente –y tú, sin esfuerzo, puedes ser testigo de todos ellos. Todos surgen espontáneamente en tu presente, fácilmente, sin un esfuerzo de conciencia-. Y esta conciencia-testigo no es nada específico que tú puedas ver. Sólo es una amplia sensación de fondo de libertad, de puro vacío y, en este puro vacío que tú eres, surge todo el mundo manifiesto. Tú eres esa libertad, esa apertura, ese vacío y no esa cosita diminuta que surge en él.
Adaptado de Ken Wilber


 

Ahora ya sabes que no eres las etiquetas que te han ido poniendo a lo largo de tu vida o que tu mismo te has ido colocando. Tampoco eres los pensamientos, ni sentimientos que tienes. No eres el nombre que te pusieron al nacer, ni la profesión que realizas.

El ser que somos no puede definirse con palabras sino que más bien es un lugar de observación. Es una conciencia, un “yo mismo” que nota y se da cuenta. Es como el espacio de la habitación en la que te encuentras. Y los pensamientos, sensaciones, sentimientos, las cualidades, fortalezas y debilidades son el contenido, algo que está dentro pero no forma parte de la esencia, como los muebles que hay dentro de la habitación no forman parte de las dimensiones y estructura de la misma. La habitación siempre es la misma en cuanto a dimensiones, espacio, estructura por mucho que cambiemos los muebles y la decoración.

A algunas personas les da miedo en un principio hacer este ejercicio y darse cuenta de esta cuestión. Suelen decirme “Eh! ¿Pero entonces yo no soy nada?” porque estamos muy identificados con las cualidades y las historias de quienes somos. Identificarnos de esta forma nos da seguridad. Y cuando perdemos la posibilidad de nombrarnos en función de nuestros pensamientos, roles o características nos entra el miedo al vacío, a no ser. Desde muy temprano en la infancia nos enseñan a hablar de nosotros mismos y explicar quiénes somos. Nos atribuyen etiquetas que incorporamos como rasgos de personalidad. Algunas nos gustan y otras no pero en el fondo nos proporcionan una tabla de salvación a la que agarrarnos. Sin embargo, también nos limita y cosifica en un “traje” cuando podemos utilizar múltiples “trajes” en los que expresarnos y experimentarnos.