¿Se curan los problemas psicológicos? II
Entrenando la flexibilidad psicológica (Parte 2)
La finalidad de la Terapia de Aceptación y Compromiso es la flexibilidad psicológica. Entonces ¿La depresión, la crisis de pánico, los trastornos y enfermedades mentales no existen? ¿Es todo una cuestión de flexibilidad o rigidez? ~ “Pero a mí me han dicho que tengo depresión…” dice el paciente después de pasar por diferente profesionales. A la mayor parte de los humanos, “seres racionales” nos reconforta tener una etiqueta que identifique nuestros malestares. Esto es inevitable.
~ Doctor, dígame que tengo.
~ Eso es un síndrome de intestino irritable… Una intolerancia… Es un déficit de serotonina.
~ Vaya, muchas gracias, me quedo más tranquila. Y dígame ¿Qué tengo que tomar? ¿Qué pasos tengo que seguir para ponerme bien?
~ Bueno, en realidad no lo tenemos claro. Usted tiene que ir probando lo que le sienta bien, ayuda tomar esta pastilla antes de las comidas y quizá le venga bien tomar una dosis baja de este antidepresivo que es muy flojito y le va a servir “como un fondo de armario” para no pensar tanto.
~ Pero, ¿Entonces, también tengo depresión?… Sí yo sé que soy una persona muy nerviosa…
~ No, en realidad es sólo por mantener bajos los niveles de estrés y para ayudarla a tomarse la vida de una forma más relajada.
Este diálogo que me acabo de inventar en realidad está construido con frases y comentarios que me han dicho algunas personas en la consulta. Los profesionales decimos este tipo de cosas y en realidad no hay ninguna evidencia científica que justifique semejantes planteamientos.
¿Y desde la Terapia de Aceptación y Compromiso cómo se plantean las etiquetas? ¿Los diagnósticos? No hay etiquetas. Si hemos dicho que “ser normal” lleva implícito tener problemas, pensamientos y emociones desagradables, poder estar en el pasado o en el futuro con nuestra mente, consideramos que lo normal es tener alguna vez dificultades. Esto es humano. Desde este modelo nos interesan los procesos, en concreto seis procesos psicológicos y su grado de adaptación o inadaptación. Suena un poco más enrevesado que tener una etiqueta, pero las personas somos seres algo complejos y la vida también lo es.
Los humanos podemos elegir la conducta a realizar, por ejemplo, cuando estoy subiendo una montaña puede elegir seguir dando pasos para llegar a la cumbre, aunque me duelan las piernas, esté sudando y el aire no me llegue a los pulmones. Es decir regulo mi conducta en este caso en función de lo que quiero (llegar a la cumbre) sin hacer caso de las sensaciones de cansancio y malestar. Pero no siempre actúo de esta forma. Me dicen que la montaña que vamos a subir el domingo tiene un paso muy difícil, es un paso aéreo y requiere pasarlo con atención, incluso algunas personas usan una cuerda para hacerlo, pero nosotros no vamos a llevar cuerda. Yo quiero subir esa montaña, pero a medida que se va aproximando el día noto ciertas sensaciones de nerviosismo, me vienen imágenes en las que me quedo bloqueada y no avanzo, pensamientos de incapacidad “no puedo” “no es para mí” “y si me caigo”…, la noche antes estoy abrumada con todos esos pensamientos y el miedo y la ansiedad disparados. Me levanto por la mañana y el miedo sigue igual de intenso. Decido no ir a la marcha e intentarlo más adelante cuando me sienta más preparada y segura. En esta situación regulo mi conducta en función de la emoción y los pensamientos de miedo, evito la marcha dando por bueno lo que dice mi mente respecto a mi capacidad y riesgo del paso, sin tan siquiera acercarme al lugar. Me doy la vuelta como si ya estuviera ante el peligro, cuando en realidad no he salido de casa. En este caso lo que me importa verdaderamente queda postergado a un segundo lugar, a un futuro más o menos cercano. Alguien puede pensar que no hay nada malo en evitar esa situación que entraña cierto riesgo y puede poner mi vida en peligro. Efectivamente así es, el miedo es una emoción “amiga”, algo incomoda de sentir, pero una aliada que nos puede proteger (recuerda lo que dije más arriba, las emociones no son normales, ni anormales). El problema viene cuando en realidad el paso no es tan difícil como mi mente ha imaginado, cuando en realidad yo si puedo dar ese paso aunque mi mente no está nada convencida, cuando cuento con ayuda para hacerlo la primera vez y eso me va a dar la seguridad que necesito para las siguientes, en vez de esperar a que ese sentimiento de seguridad me nazca de dentro en el sofá de mi casa.
Cuando una persona tiene más capacidad para elegir su conducta en función de sus valores y las circunstancias reales que va viviendo, en vez de para evitar o aliviarse de forma rápida de las emociones y pensamientos desagradables que inevitablemente surgen en su organismo, tiene más flexibilidad psicológica y encontrará más satisfacción en su vida (estará más sana psicológicamente hablando)
Cuanto más atrapada esté una persona por su experiencia privada (emociones, pensamientos, reglas de como son las cosas o como es ella misma, creencias, etc.) más evitará situaciones donde pueda experimentar esas emociones, más tratará de sentirse bien y tranquila, menos en contacto estará con la vida y experiencia real y menos conectada estará con lo que verdaderamente le importa.
La buena noticia es que esto no es irreversible. Si “eres depresiva” “ansioso” “adicto” lo vas a ser toda la vida ¿Quien te quita esa etiqueta? En cambio si aprendes a estar con atención plena en el presente y como observador de esa experiencia privada (emociones y pensamientos desagradables) dándote así la oportunidad de comprobar lo que sucede en la realidad, podrás aprender a vivir la vida siendo tú quien la dirija en función de lo que quieres.
En resumen, ¿Qué buscamos desde la Terapia de Aceptación y Compromiso? No buscamos etiquetas, sino procesos más o menos adaptativos. Con el entrenamiento de la terapia queremos favorecer:
- Apertura a la experiencia: estar dispuesto o estar en contacto con las emociones, sentimientos y pensamientos (recuerdos, imágenes, palabras o frases) agradables y desagradables. Viéndolos con distancia (notar el pensamiento vs. creer el pensamiento, notar las sensaciones vs. luchar para librarnos de las sensaciones) mientras actuamos al servicio de lo que nos importa.
¿ has oído hablar de una técnica llamada Mindfulness (atención plena) su practica permite desarrollar la atención en el presente y la aceptación de la experiencia interna desagradable, dado que nos enseña a observarla como testigos (Yo observando mis emociones y pensamientos aquí y ahora). A veces estamos “fusionados” pegados a nuestros pensamientos y sensaciones internas, reaccionando la mayor parte del tiempo de forma impulsiva (reactiva). Es común escuchar frases como “no puedo callármelo lo tengo que decir” “tengo tantas ganas lo necesito ya” “te lo tengo que decir o no estaré tranquila” “necesito quitarme esta cosa que tengo aquí voy a comer algo”. Con la practica de la atención plena vamos siendo menos reactivos o impulsivos y aprendemos a observar la experiencia privada como “cosas” que nos ocurren internamente, decidiendo si nos resultan útiles hacerles caso para conseguir acercarnos a lo que queremos o no tienen mayor utilidad y lo dejamos pasar. V, la consumidora diaria de TV basura tiene muy poca apertura a la experiencia interna, más bien es un ejemplo de evitación de la experiencia, dado todo el tiempo y esfuerzo que consume en controlar pensamientos, emociones y sensaciones dolorosas sin poder dedicárselo a lo que le importa.
- Habitar en el presente “estar aquí y ahora”: único momento en el que podemos vivir. Aquí y ahora sea lo que sea que suceda podemos resolverlo o afrontarlo, no queda otra, pero solo si está sucediendo aquí y ahora. Yo estoy aquí y ahora notando los pensamientos y emociones que tengo dentro de mi organismo y estoy aquí y ahora viendo lo que sucede fuera de mi (otras personas, objetos, etc). Para un momento la lectura, cierra los ojos y podrás observar en la practica esto que estoy diciendo. Sí, ahora, para ahora y observa.
- Compromiso con los valores: para comprometerme con mis valores primero he de saber cuáles son y después hacer todo lo que pueda (comprometerme) para vivir mi vida con ellos como guía. Muchas personas no tienen claro para qué viven, cuál es el sentido que quieren darle a su vida. Más bien para ellas la vida es como estar subido en una montaña rusa a merced de las emociones y pensamientos con los que se despiertan cada día o de las opiniones de los demás o de complacer a los otros para que les quieran o les llenen o les hagan felices. Cuando ya se tienen claros los valores podemos invertir tiempo y esfuerzo en hacer lo que esté en nuestra mano (acciones valiosas y comprometidas) para desarrollarlos. Esto no significa que la vida sea un camino de rosas libre de espinas. Al contrario vivir la vida comprometidos con los valores requiere esfuerzo. El beneficio fundamental es que podemos encontrar la satisfacción a la larga, de vivir una vida con sentido, pero nadie dijo que eso fuera sencillo, agradable todo el tiempo y la fuente de la felicidad. El alpinista que llega a la cumbre del Everest no lo ha tenido fácil. Ha pasado frío, quizá al punto de riesgo de congelación de alguno de sus miembros. Ha sentido dolor en sus músculos y articulaciones. Ha comido alimentos energéticos quizá poco sabrosos y apetecibles. Ha tenido dudas y miedo. La ascensión tiene esas y otras dificultades. Sin embargo, el momento en el que posa el pie en la cumbre y puede observar todo lo que hay a su alrededor, el paisaje desde el techo del mundo, sentir la brisa, tomar una gran bocanada de aire y darse cuenta de que ha llegado, ninguno de los obstáculos previos serán un problema, todo habrá merecido la pena en la medida de lo que esa cumbre significa para él.
En una entrevista le preguntaron a Cesar Pérez de Tudela, reconocido alpinista español, “¿Tanto sufrimiento hasta la cumbre merece la pena?” y su respuesta fue “La vida verdadera es sufrimiento siempre. Leon Felipe decía que la vida es dolor, dolor y algo de placer. La cima es la cima de la vida y merece mucho esfuerzo. Para mi la cima es llegar, vivir, sentir y ver por mi mismo. Y merece ciertas o incluso muchas dosis de sufrimiento”.