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Resaca emocional: qué es y qué hacemos con ella

Cansancio, irritación o dolor de cabeza son algunos de sus efectos

El otro día tuve un contratiempo que me desestabilizó. No entraré en detalles del hecho en sí, pero al día siguiente me sentía cansada, sin ganas de nada, tenía los ojos hinchados, embotamiento de la cabeza y la sensación de que, a la mínima, podría echarme a llorar (otra vez). Durante ese fin de semana no hice pie. 

Todo ello parecía el eco de lo que me había ocurrido el día anterior, los últimos coletazos, la reacción después de la acción. Y, sentada al sol, con los ojos irritados, entrecerrados ante tanta luz, me di cuenta de que tenía resaca emocional. Las palabras me vinieron claras a la cabeza pero, en realidad, no sabía mucho sobre ellas como un único concepto. Lo había escuchado en algún lugar, de pasada, y en ese momento encajaba a la perfección con lo que estaba sintiendo. Así que lo apunté en el móvil con la intención de buscarlo después.

Y lo busqué.

Yo no me había inventado nada, claro, no había tenido una idea extraordinaria que me sacaría de pobre. A finales de 2016, un equipo de la Universidad de Nueva York publicó un estudio en la revista Nature Neuroscience sobre el tema. Así que estaba más que analizado, investigado, confirmado: la resaca emocional existe.

(Y a veces alivia ponerle nombre a las cosas).

Vale, sí, pero ¿qué es exactamente

Según este estudio, «las experiencias emocionales pueden inducir estados fisiológicos e internos del cerebro que persisten durante largos periodos de tiempo después de que los eventos emocionales hayan terminado».

Es decir, son estados profundamente intensos provocados por experiencias emocionales inesperadas, que pueden provocar síntomas como cansancio, irritación, dolor de cabeza, etc. Incluso pueden influir en la manera de recordar ese hecho que, a su vez, nos influirá en el futuro, cuando nos enfrentemos a situaciones parecidas.

Así, después de vivir una situación de estrés emocional que nos altera mucho, desde una discusión con un familiar hasta un problema en el trabajo, un accidente o una pérdida, las partes de nuestro cerebro relacionadas con la memoria se estimulan de manera muy intensa. Hasta que volvemos a la normalidad después de esa «alta estimulación», pasamos por la mencionada resaca emocional.

Ojo, que no solo las malas experiencias provocan este tipo de resaca. Como decía, este estado es provocado por situaciones emocionalmente intensas, así que pueden ser tanto positivas como negativas. Es decir, que tras conocer una gran noticia o hacer algo intenso que valoras mucho, por ejemplo, puedes vivir esta resaca emocional.

¿Y cómo la combatimos? ¿Con un ibuprofeno, un zumo depurativo o incluso otra situación intensa (ya sabes, «un clavo saca a otro clavo»? Qué va. La resaca emocional se «cura» con paciencia y tiempo. Poco a poco, los efectos van desapareciendo mientras el cerebro (y, de paso, tú) asimila y digiere todo lo ocurrido. Vamos, que te tomes las cosas con calma.

La resaca emocional, por tanto, tiene un principio y, en un corto espacio de tiempo, un final.

(Bueno, a veces se alarga, y aquí surgiría el problema. Esa resaca emocional que tenía que durar unos días puede convertirse en una prolongada apatía y tristeza, que nos impide seguir con nuestra vida de manera óptima. A veces, incluso alimentamos la resaca y, por miedo, no queremos salir de esa «zona de confort» porque, aunque no es la ideal, ya la conocemos. 

Pero esto sería para otra entrada de blog).

Por eso, ¡recuerda!: como remedio para la resaca emocional, date tiempo, descansa y aprovecha para conectar contigo mismo.

 

Cintia Fernández Ruiz, autora del post
Imagen: Maria Teneva