¿Por qué no me gusta la metáfora de la guerra contra el COVID 19?
La metáfora de la Guerra no es neutra, implica una manera de conceptualizar las cosas. El lenguaje es nuestro tesoro, lo que nos hace puramente humanos, también la base de buena parte de nuestro sufrimiento. El lenguaje como refieren Wilson y Luciano en su Manual de la Terapia de Aceptación y Compromiso no debió surgir en la especie humana para la diversión, ni tampoco para poder comunicarnos, sino más bien como un modo para escapar del peligro, sobrevivir y como diría Skinner, también ha tenido una función de control social. Desde la Terapia de Aceptación y Compromiso se utilizan metáforas para ayudar a las personas a salir de los nudos y bloqueos de su mente. Las metáforas pueden ser por tanto recursos terapéuticos, pero también ofrecen una perspectiva poco útil, dañina y pueden resultar contraproducentes. Y es por esto último que no me gusta la metáfora de la guerra para hablar de las estrategias de enfrentamiento individuales y sociales ante el COVID19
No me gusta la metáfora de la guerra porque me parece que existe algo de ese intento de control social, teniendo en cuenta que la primera vez que la escuché en televisión hace unas semanas, fue a los políticos durante las primeras comparecencias diarias para explicar el estado de la epidemia, las cifras de infectados y muertos, las medidas que se iban a ir adoptando en los días siguientes y el impacto que tendría para nosotros. También se la he escuchado al Presidente francés, Emmanuel Macron en varias comparecencias ante la nación. Y ante estas intervenciones no he podido dejar de preguntarme ¿Qué me están pidiendo? ¿Qué quieren que haga? ¿Por qué están utilizando este discurso? ¿Qué sentido tiene hablar de una guerra? Sí! Me piden meterme en casa y no salir, disminuir el contacto social, evitar poner en riesgo a otras personas, esto es algo de vital importancia y muy entendible. Pero también y esto no lo expresan ellos en su discurso, tengo que hacerme a la idea de que no voy a poder trabajar en los próximos meses como lo venia haciendo, de que voy a tener que seguir haciendo frente a mis facturas viendo disminuir mis ingresos, también tengo que ver a los sanitarios desbordados en hospitales infradotados por la suma de recortes de los últimos años, y a mucha gente morir, a los profesores aumentando sus horas de trabajo con los chavales en casa, poniéndose al día con las nuevas tecnologías y reinventando sus temarios para seguir enseñando al alumnado confinado, los mismos maestros y educadores a los que se les ha perdido el respeto y el reconocimiento y que han sufrido también importantes recortes en su sector en los últimos años. Tengo que ver estas y otras cosas y por supuesto lo que no voy a ver es a los políticos (de cualquier signo) haciendo autocrítica, ni asumiendo ningún tipo de responsabilidad, desviando permanentemente la culpa al otro, apelando en este caso a “un estado de guerra en el que nos encontramos y ante el que tenemos que tomar medidas excepcionales” …… “¿Es posible que si veo todo esto como una guerra me olvide de cual ha sido su responsabilidad en esta historia?”
Es cierto que hemos de permanecer en nuestras casas y permanecer unidos para afrontar esta situación de pandemia. Algo que probablemente también es útil cuando no estaba el virus y que seguirá siendo útil cuando encontremos la vacuna y el tratamiento adecuado. Pero no necesito contemplar esta situación como una guerra, sino a la humanidad como parte de un todo, miembros de una cadena de eslabones interconectados, todos igualmente válidos y valiosos, habitando un planeta que no está creado para nuestro placer y disfrute, sino del que también formamos parte y somos responsables.
El lenguaje no es neutral y las metáforas que se utilizan están impregnadas de ideología. Con las metáforas se manipulan emociones y se pretende difundir una información y dar una perspectiva sobre la realidad que estamos viviendo y al contrario que en el proceso terapéutico corremos el riesgo de asimilar ideas que quizá no nos convengan.
No estamos en guerra, por muy duro que sea lo que estamos pasando, es probable que fuera doblemente duro, y supongo que lo es para tantas personas que en este mismo momento sí están en guerra en tantos lugares del mundo.
Tampoco somos héroes. Por supuesto que no lo somos los ciudadanos de a pie confinados en nuestras casas y reconozco que algunas familias lo están pasando muy mal, no teniendo comida para alimentarse o alimentar a sus hijos, ni conexión a internet para que puedan seguir las clases, o permaneciendo en casas minúsculas… Pero no somos héroes, somos personas de carne y hueso, humanos vulnerables que habitamos una existencia de incertidumbre y dolor. Porque quizá tendríamos que haber aprendido algunas ideas fundamentales que en este sistema capitalista, impregnado de individualismo y bastantes dosis de hedonismo se olvidaron de enseñarnos.
Ideas como que para muchas personas en algún momento nuestra vida cambiará a peor, porque seguro que enfermaremos, nos haremos viejos, perderemos funcionalidad en nuestros miembros y estaremos más solos.
Nada permanece, para bien y para mal todo pasa.
Cuando esto suceda no va haber soluciones fáciles y sencillas, ni inmediatas y tampoco se podrá hacer nada para impedir que nos sucedan algunas cosas como las enfermedades
Y no vamos a poder elegir cuándo nos sucedan estas cosas.
Sin embargo, hemos vivido bajo premisas como que “tenemos que ser felices, sentirnos bien y todo irá bien”.
Prefiero dejar la categoría de héroe para otras situaciones, por ejemplo para esas personas que sobrevivieron al confinamiento de los campos de concentración, como Auschwitz que este año conmemora el 75 Aniversario de su liberación. Y tampoco considero que los sanitarios sean héroes, de hecho la mayor parte de los sanitarios que conozco y son bastantes porque trabajo con ellos de cerca dicen que no quieren ser considerados héroes, porque están haciendo su trabajo, porque su trabajo también es éste el que ahora están haciendo para ayudar a las personas con COVID en las urgencias y las UCIS. Supongo que renuncian a ser considerados héroes porque eso supone una presión añadida a su trabajo, ya es bastante ser profesionales para además ser heroicos. A lo mejor simplemente se trata de que (aunque no lo hiciéramos antes) de cara al futuro valoremos el trabajo de los sanitarios, el que hacen en el día a día, y aplaudamos con nuestro respeto en la relación con los profesionales, haciendo un uso “racional” de recursos como urgencias, los fármacos, y las pruebas diagnósticas. Es importante que tengamos en cuenta que antes, como ahora el sistema público de salud con el que contamos se ha sostenido y se sostiene por el esfuerzo, dedicación y trabajo de los profesionales sanitarios. Lamentablemente he creído en alguna ocasión que si fuera por la mayor parte de los políticos y por algunos ciudadanos hace tiempo que no tendríamos este sistema.
Por otro lado, ya en los años 80 Susan Sontang escribía en “El cáncer y sus Metáforas” desde su propia experiencia con esta enfermedad que “Las trampas metafóricas deforman la experiencia de padecer cáncer…” porque cuando el cáncer no es tomado como una enfermedad y se le aupa a la categoría de agente externo al propio organismo aumenta el miedo en la población general y aumentan los mitos sobre la misma. Lo mismo sucedió durante la infección por el VIH “un enemigo que atacaba a las células centinelas de nuestro sistema inmunitario, destruyéndolas y aumentando el riesgo de infecciones para el organismo”. La idea de lucha, héroes, ganar batallas y la guerra puede suponer para los enfermos, sus familiares y los profesionales implicados una postura poco adaptativa y generar dificultades en su adaptación y vivencia del proceso terapéutico.
Sontang invitaba a no utilizar metáforas como las de la guerra y considerar el cancer como una enfermedad, grave, pero una enfermedad. Y desde luego no una maldición, ni un castigo, ni una plaga, ni una sentencia de muerte.
Daniela Rojas Miranda y Loreto Fernández González en un articulo sobre el empleo de la metáfora de guerra en relación al cáncer describen como la idea de “luchar” contra el cáncer se instaura y surge lejos del mundo de la medicina, la psicología o los pacientes. -“ La “lucha”, o “guerra contra… comenzó a difundirse en 1971, postguerra de Vietnam, cuando el presidente de los Estados Unidos de Norteamérica (EEUU), Richard Nixon, firmó el Acta Nacional del Cáncer…A través de esta iniciativa, reconocida consensuadamente como el inicio de la “Guerra contra el Cáncer” contemporánea, impulsó económica y políticamente la investigación con el fin de “conquistar esta terrible enfermedad” en el corto plazo. Nixon, que solía militarizar las políticas sociales que ponía en marcha, logró instalar a través de esta estrategia político-comunicacional, una particular forma de enfrentar la patología……. La “Guerra contra el Cáncer” cayó en un terreno fértil, desde un gobierno que necesitaba reforzar la noción de supremacía de los EEUU en la ciudadanía (Nixon prometía mediante la iniciativa ser, no sólo la nación más rica, sino también la más sana). De esta forma, el estado robusteció su imagen de control y poder, eligiendo apelar a la vulnerabilidad que despierta una enfermedad percibida como “incontrolable” y devastadora.”
En la actualidad volvemos a encontrarnos con la metáfora bélica y vuelven a ser los políticos quienes la usan. Como señalan Daniela y Loreto la idea de que frente a la enfermedad se debe adoptar una actitud de lucha, hace que los enfermos se conviertan en luchadores y los profesionales también, y quien lucha corre el riesgo de no poder experimentar emociones dolorosas como el enfado o la tristeza, no puede decaer porque quizá eso le de ventaja al cáncer o al virus y no es difícil desde este planteamiento acabar pensando (máxime en una sociedad individualista como la que vivíamos hasta hace un mes) que si el tratamiento no va bien, incluso que si mueres es que no has hecho lo suficiente, es que eres débil o poco responsable. Porque en la lógica del sistema capitalista y su ideología del pensamiento positivo, como describió Barbara Ehrenreich en el libro Sonríe o Muere “eres culpable de lo que te pase”. y en este sentido podemos llegar a creer que el enfermo que es desintubado en la UCI ha luchado y se ha salvado y en cambio el que muere no luchó con suficiente fuerza. En realidad el que muere no ha hecho nada mal. Como el que vive (inconsciente durante su periodo de intubación) tampoco ha hecho una heroicidad.
En resumen ¿Qué tal si aceptamos que vivir no es fácil y está lleno de riesgos? ¿Que el dolor y el malestar forma parte de la vida? ¿Que una vida valiosa y con sentido no es sinónimo de ser feliz y sentirlos bien todo el tiempo? ¿Que los virus y la enfermedad también son naturales y suponen un reto para nosotros estudiarlos y aprender a prevenirlos y tratarlos? ¿Que el conocimiento científico, la investigación y los profesionales que lo desarrollan, son muy importantes y precisan reconocimiento en forma de ayudas económicas y apoyo a lo largo del tiempo, no sólo ante las pandemia? ¿Que somos seres limitados, mortales? ¿Que avanzamos en grupo, juntos, de forma solidaria, con apoyo mutuo…… Que la fuerza somos todos.
Autora del Post: Azucena Aja Maza. Psicóloga