Una forma de entender al ser humano y los problemas psicológicos
El modelo conductual contextual da una importancia crucial a la relación paciente (cliente) – Terapeuta. La relación terapéutica supone un contexto en el que se experimenta, se indaga y se pueden aprender algunas herramientas necesarias para que la persona pueda desarrollar la vida que le importa. En la consulta se ponen de manifiesto elementos que tienen correspondencia con los conflictos de las personas en su vida cotidiana y pueden utilizarse para evaluar y/o modificar el comportamiento problemático. El terapeuta es también una persona que siente y padece las mismas dificultades vitales que el paciente. Desde este modelo se abandona el rol de experto. Paciente y Terapeuta son expertos cada uno en lo suyo. El paciente es experto en su vida y en sus dificultades por las que acude a consulta. El terapeuta cuenta con los conocimientos, herramientas y experiencias que le da su profesión. El profesional trata de ayudar a que la persona se relacione de otra forma con sus pensamientos, emociones y sensaciones físicas para que pueda realizar la vida que le importa en vez de dedicar sus esfuerzos y consumir su vida en una lucha infructuosa contra sus miedos, angustias y pensamientos incapacitantes. El paciente (cliente) es un “paciente activo” al que se considera dueño y responsable de su propia vida.
El modelo conductual contextual no utiliza las técnicas ni las soluciones que se proponen en la terapia como un “sustituto de los fármacos” es decir, como una solución que repara algo que está roto o que cura algo que está enfermo. Hay muchos conflictos de la vida que no se pueden reparar porque no son problemas sino situaciones vitales o procesos que atravesamos las personas en nuestra tarea de vivir. No puede aplicarse la estrategia de resolución de problemas sino que resulta más eficaz aceptarlo y aprender a llevarlo mientras la persona se enfoca en realizar la vida que tiene sentido para sí misma. La función de las técnicas es ayudar a que las personas puedan convivir con sus pensamientos o sus emociones, sentimientos y sensaciones desagradables tomando distancia de los mismos para avanzar por el camino de sus valores.
Desde el modelo conductual contextual se contempla la interacción de la persona en el contexto externo (relación con otras personas, situaciones vitales, etc) y en el contexto interno (pensamientos, emociones, sentimientos y sensaciones físicas que sólo luno mismo puede percibir y experimentar) porque es en esa interacción donde surgen las dificultades en la medida que la persona realice conductas de evitación que le proporcionan un alivio inmediato a costa de empeorar su vida a largo plazo. No se utiliza un conjunto de técnicas en función de un determinado diagnóstico y tampoco se persigue el control o la eliminación de los síntomas (dado que el control se considera parte del problema no de la solución).
El control se considera parte del problema no de la solución
El modelo conductual contextual utiliza herramientas terapéuticas y técnicas de diversos modelos y orientaciones dado que como dice la profesora Carmen Luciano “Se puede ser ecléctico en las técnicas no en el modelo teórico”. Este modelo está sustentando en la experimentación y la investigación del laboratorio que nos aporta una evidencia respecto a la conducta y la naturaleza del ser humano. Aunque pueden utilizarse técnicas de otros modelos el fin no suele ser el mismo, mientras que en los demás modelos se persigue eliminar o atenuar los síntomas, desde la perspectiva conceptual se hace hincapié en generar distancia entre la personas y sus emociones o pensamientos para que pueda emitir otros comportamientos distintos a la evitación.
Desde el modelo conductual contextual no se conciben enfermedades psicológicas per se, sino diferentes formas de vivir mas o menos funcionales, es decir diferentes formas que permitan a la persona vivir conforme a lo que valora y que le proporciona sentido vital. Dice Marino Pérez, que ”los problemas psicológicos no son más que problemas de la vida cotidiana cuyos intentos de resolución han fracasado persistentemente dejando a la persona anclada en una lucha paradójica contra su problema.”
“Las terapias contextuales, entre las que destaca la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) no ponen el énfasis terapéutico en la reducción de síntomas, sino en recolocar a la persona en una vida que le resulte significativa, orientada a unos valores propios y aumentar los repertorios de conducta generando flexibilidad psicológica” (Valle, A.)
Desde el modelo conductual contextual no se entiende la normalidad como ausencia de enfermedad. “La psicología occidental se funda en la creencia de que, por naturaleza, los seres humanos son psicológicamente saludables. Por tanto, cree que si a una persona le damos un ambiente sano, un estilo de vida saludable y un contexto social pleno de oportunidades para la autorealización, esta persona será una criatura naturalmente feliz y plenamente satisfecha. De acuerdo a esta perspectiva, el sufrimiento psicológico es algo anormal, una enfermedad o un síndrome que conduce inevitablemente a procesos patológicos… La ACT asume que el procesamiento psicológico de una mente humana normal, es en sí mismo destructivo, y que tarde o temprano generará sufrimiento, un sufrimiento que compartimos todos los hombres por tener un lenguaje. La ACT supone que la raíz del sufrimiento propiamente humano se encuentra en el lenguaje… El lenguaje es una espada de doble filo. Por un lado, nos permite trazar mapas o modelos de mundo, para transformar nuestro entorno, nos posibilita planificar el futuro, compartir conocimientos, aprender del pasado, imaginar cosas que jamás existieron y darles luego existencia, desarrollar reglas para guiar la conducta eficaz… por otro lado, el lenguaje tiene su lado oscuro: podemos usarlo para mentir, para manipular, calumniar, poner a rodar rumores, incitar a la violencia.” (Russ Harris. Una introducción a la terapia de Aceptación y Compromiso)Se entiende por tanto que el sufrimiento es algo intrínseco a nuestra naturaleza, aunque El problema no sería lo que ocurre en sí que nos genere ese malestar, sino la manera que tenemos de relacionarnos con el y cómo esa relación se extrapola a otros ámbitos de la vida alejándonos cada vez mas de lo realmente valioso, nuestros valores.