La regla de los cinco segundos para dejar de procrastinar
«No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy».
¿Cuántas veces hemos escuchado este refrán? Procrastinar, palabra que se ha puesto muy de moda en los últimos años, significa precisamente lo que el refrán trata de evitar: «dejar para mañana», posponer, aplazar una tarea que debemos hacer (y que, en ocasiones, también sabemos que va a mejorar nuestra calidad de vida).
¿Y por qué procrastinamos?
A veces, por simple pereza o vagancia, porque no nos apetece. Pero, en la mayoría de casos, por otras razones con más fondo:
—Búsqueda de perfección,
—excesiva autoexigencia,
—inseguridad,
—miedo,
—etc.
Y, así, procrastinamos como mecanismo de defensa contra aquello que pensamos que nos va a causar estrés, que nos va a poner en peligro o que nos da miedo (ay, el dichoso miedo). Por ejemplo: tengo que ponerme a escribir, quiero escribir porque me gusta, pero, al mismo tiempo, me genera estrés e incluso me da cierto vértigo que el resultado no sea el que tengo en mente, así que mi cabeza me dice: «hazlo más tarde»; me anima a posponer eso que me causa incomodidad.
Es decir, que quiero hacer algo, pero no tengo la capacidad para llevarlo a cabo (por las cuatro razones —entre otras— mencionadas antes).
Aquí es cuando podemos aplicar la regla de los cinco segundos, de la autora motivacional Mel Robbins, para ayudarnos a pasar de ser una persona que piensa a una persona de acción.
En realidad, el método es muy sencillo: cuenta para ti «Cinco, cuatro, tres, dos, uno» y haz eso que debes hacer, sin pensártelo más. Cinco, cuatro, tres, dos, uno, ¡y te levantas de la cama! Cinco, cuatro, tres, dos, uno, ¡y haces la llamada! Cinco, cuatro, tres, dos, uno, ¡y sales a correr!
Robbins describe este método como una cuenta atrás de una nave espacial a punto de despegar: una vez que empieza, ya no hay vuelta atrás. Estos pocos segundos nos sirven para no dar tiempo a nuestra mente a buscar excusas, para no dejarle ni el más pequeño resquicio por el que entren dudas.
Porque nuestro cerebro, que es muy listo, busca la comodidad, mantenernos en nuestra zona de confort, alejados de peligros (que, en la mayoría de los casos, no son tales), y, por eso, trata de evitar a toda costa que hagamos aquello que enciende las alarmas en nuestra cabeza.
Así que, cuando quieras o tengas que hacer algo que te cuesta (un impulso alineado con tus valores o una tarea a la que te veas obligado), recuerda:
Cinco…
Cuatro…
Tres…
Dos…
Uno…
Y ¡saltas a la acción!
Cintia Fernández Ruiz. Autora del post.
Imagen: Veri Ivanova