La mejor estrategia contra el miedo
Si digo que el miedo es bueno, probablemente te suene ridículo. Pero lo es. El miedo es un mecanismo de nuestro cerebro para advertirnos: «Oye, ten cuidado» ante situaciones de peligro, como un detector de humo que se activa cuando hay fuego. Con el tiempo, aprendemos que todos, ¡todo el mundo!, tenemos miedo.
Hay miedos comunes, como perder a un ser querido, la soledad o la muerte, y otros que entorpecen nuestra vida. En estos últimos reside el problema: cuando vemos peligro en situaciones que no lo son y ese miedo se vuelve irracional, cuando ese miedo no nos deja vivir como queremos. De ahí surgen los diferentes tipos de fobias y ansiedad.
Y, entonces, empezamos a luchar contra ese miedo, por pequeño, grande o ilógico que sea. Queremos vencerlo, erradicarlo, hacerlo desaparecer. Parece ser la única estrategia «buena» que podemos seguir, nos venden esa idea: deshacernos por completo de él y, una vez eliminado, llevar a cabo esa determinada acción que, por culpa de este, nos resultaba imposible realizar. Primero una cosa y luego otra, como si tener miedo y vivir fuesen incompatibles.
Pero la lucha para eliminarlo, que puede durar toda una vida, agota, y muchas veces, por el camino, nos frustramos porque no vemos resultados y porque, para la batalla, hemos dejado de lado nuestros valores u objetivos; nos cansamos de enfrentarnos contra no sabemos muy bien qué, gastamos nuestras fuerzas en la pelea y abandonamos. Y abandonar significa volvernos esclavos de ese miedo, seguir las normas que nos impone y no vivir, o vivir mal.
Vale, sí, y entonces yo, que tengo miedo, ¿qué hago? Esta es la mejor estrategia contra él:
Paso 1: Identifica ese miedo, observa la sensación que te produce, contémplala y pon distancia.
Paso 2: Convierte ese miedo en tu aliado. Acéptalo como algo que está ahí contigo, un acompañante molesto pero que puede ayudarte. Transforma ese miedo en un reto, una manera para superarte.
Paso 3: Aprende a vivir con el miedo, que no te frene para conseguir tus objetivos.
Paso 4 y más importante: aun con miedo, ¡haz lo que quieres hacer! Haz, haz, haz.
Paso 5: Repite el paso 4.
Paso 6: Repite el paso 5.
Y así una y otra y otra vez.
¡Ojo!, que no es fácil. Probablemente leas esto y pienses: «Es sencillo decirlo, pero yo no puedo». Cuando el miedo aprieta, o ese miedo ya es crónico, resulta difícil acordarnos de estrategias y pasos a seguir. Pero es cuestión de intentarlo y repetir el paso 4 de forma continuada.
Y al principio costará, claro.
Primero costará mucho y no te sentirás preparado, porque ¿cómo voy a ser capaz de hacer tal cosa?, ¡es imposible!, ¡de verdad que yo no puedo!; a veces creerás que el esfuerzo no vale la pena, incluso pensarás en darte por vencido. Pero, un día, conseguirás un pequeño logro, y continuarás. Seguirá costando, porque el miedo estará ahí; volverás a pensar en abandonar, y después, otro día, te harás con otro pequeño triunfo, que a veces será minúsculo pero te empujará a avanzar.
Con el tiempo, con los intentos, dejará de asustar tanto. Con el tiempo, con los intentos, te darás cuenta de que durante todo el proceso has hecho lo que querías, has vivido como querías, ¡incluso con miedo!
El secreto es ese: HACER. Ver al miedo y caminar junto a él, sin que nos impida actuar según nuestros valores. Vencer al miedo no es conseguir que desaparezca, sino, aun con él, hacer lo que queremos hacer.
«Que seas valiente no quiere decir que no tengas miedo. Significa que sigues adelante aunque tengas miedo».
― El odio que das, Angie Thomas
Cintia Fernández Ruiz. Autora del Post
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