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Kintsugi, la práctica de llevar las cicatrices con orgullo

La práctica del Kintsugi o carpintería de oro se realiza en Japón desde el S. XV y consiste en reparar las roturas de las piezas de cerámica rellenando las fisuras con una mezcla de resina y polvo de oro. De esta forma consiguen recomponer la pieza estropeada dándole un nuevo aspecto que en ocasiones es más bello que el original. El Kintsugi simboliza a la perfección los abordajes terapéuticos de la Terapia de Aceptación y Compromiso y otros modelos como la Logoterapia de Viktor Frankl.

Al final de la Segunda Guerra Mundial, liberado del campo de concentración Frankl se encontró sin nada, ni nadie, dado que todo lo había perdido en los campos de exterminio: su primera esposa, su familia, su manuscrito, trabajo, casa, y fue capaz de fundar sobre estas ruinas un nuevo modelo terapéutico, escribir infinidad de artículos y libros, impartir conferencias por todo el mundo y dejarnos un legado impresionante de conocimiento e inspiración sobre el Sentido de la vida. Desde el dolor, la muerte y la desolación supo encontrar el Sentido de su vida y ayudar a muchas personas a encontrar el suyo.

La Terapia de Aceptación y Compromiso nos plantea que el dolor es inevitable, el fracaso también y sin embargo, no estamos condenados a sufrir de depresión o ansiedad. Desde el compromiso con nuestros valores podemos enriquecer y encontrar Sentido a nuestra vida aceptando el dolor como parte del camino.

En nuestra cultura tendemos a tirar los objetos que están rotos y comprar otros nuevos. De la misma forma vivimos como fracaso la separación de la pareja o el fin de un contrato laboral. Partimos de la base que esa relación una vez iniciada tiene que durar hasta el final de nuestros días o que el contrato ha de ser indefinido hasta el momento de la jubilación. No digo que esto no sea deseable y si sucede para qué vamos a dejar una relación en la que estamos bien o vamos a irnos de un trabajo que nos gusta. Pero a veces ni la relación funciona, ni el trabajo está bien y llega el momento del cambio. ¿Qué tal si en estos momentos nos planteamos rellenar con resina de oro las fisuras? Para ello hemos de darnos un tiempo para que las heridas vayan cicatrizando y aceptando que el proceso es doloroso. Habitar el dolor sin resistirnos o pelear con él no es fácil y sin embargo es la única garantía de que sufriremos menos y saldremos más reforzados.

El arte japonés del Kintsugi contempla la inclusión de las cicatrices en la nueva apariencia del objeto reconstruido y esto le convierte en más valioso e interesante que el original.

Cualquier proceso de aprendizaje conlleva sus luces y sus sombras. La mayor parte de las personas que admiramos por los éxitos que han conseguido suelen decir que antes de conseguirlos tuvieron al menos un fracaso importante del que aprendieron y sacaron una lección importante que luego les permitió alcanzar el éxito posterior.

En palabras de Marcelo Rittner*:

«El dolor puede despertar dentro de cada uno nuevos valores y una apreciación más profunda de las personas, de las cosas, de la vida. Puede ayudarnos a replantear nuestras prioridades, puede hacernos más sabios. Si bien lo negativo del sufrimiento es que como la muerte es para siempre, lo positivo es que el crecimiento y el cambio que ofrece también son para siempre. El dolor es el maestro que nos enseña la empatía, la sensibilidad, la compasión. Un viejo sabio afirmó: “No hay nada más entero en todo el mundo como un corazón roto”».

*Párrafo extraído del material Reflexiones sobre el sentido del dolor, del diplomado en Logoterapia: Humanismo y Sentido. Logoforo

Autora del post: Azucena Aja Maza
Imagen: extraída de www.lifegate.com