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Ha sido un instante

Ha sido un instante. 

Este hombre y su esfuerzo al caminar me ha llamado la atención. El lugar no era apropiado para que él estuviera allí y he pensado que podría haberse desorientado. Mientras lo miraba desde la barandilla de la calle no podía entender adónde se dirigía, por delante sólo tenia una pendiente de hierba que asciende hacia donde caminábamos los peatones, por debajo un camino que lleva a la playa. 

¨¿Qué hacía ahí?¨ me preguntaba sin quitar lo ojos de él.

Me he quedado observándolo, dudando entre llamar su atención para preguntarle si necesitaba ayuda, pero temiendo que al hacerlo podría asustarlo y perder el equilibrio. 

He aguantado mi respiración y le he seguido observando hasta que he entendido lo que hacia ahí. Unos hermosos champiñones habían llamado su atención y se disponía a alcanzarlos. Con paso temblorosos, apoyado en el bastón que iba disponiéndo de lado ¨al estilo pasiego¨ para no resbalar ha llegado a su meta. Cada paso debía suponerle un esfuerzo enorme porque paraba, supongo que para tomar aire, y seguir adelante. Mientras tanto yo seguía el proceso desde arriba sin decidirme a actuar, no queriendo entrometerme pero atenta por si perdía el equilibrio. Apenas a un paso del botín se ha vuelto a detener para sacar una bolsa y una pequeña navaja. Los minutos que ha tardado en desenrollar la bolsa se me han hecho eternos, el temblor de sus manos le impedía la tarea, pero él no ha cejado en el intento hasta conseguirlo. En el medio de la pendiente, un pequeño traspiés, un ligero movimiento podían hacerle perder el equilibrio, sin embargo no parecía tener mucho miedo a que eso ocurriera. Se ha agachado a coger los champiñones. Mas minutos eternos para mí hasta que finalmente ha conseguido su objetivo guardando la navaja y girando lentamente sobre sí mismo para comenzar el descenso muy despacio, igual de tembloroso, con idéntica paciencia, apoyándose en el bastón hacia adelante.

Cuando le he visto en tierra firme y a salvo he continuado mi marcha recordándome a mi misma la importancia que tiene no adelantarte a dar la ayuda que no es necesaria.

El resto del camino he ido imaginando cuál podía ser la motivación de este hombre para haber hecho ese esfuerzo. No creo que haya sido el hambre. Sin duda habrá habido una motivación tirando de él para que haya estado dispuesto a correr ese riesgo de caída. Quizá no ha percibido ningún riesgo al estar centrado en su fin o quizá dentro de sí se percibe con recursos a pesar de su limitada movilidad. Desde luego que me ha demostrado que hace más quien quiere que quien puede. 

Me ha emocionado su tesón y la paciencia para dar todos y cada uno de esos pasos temblorosos pero firmes. La confianza a pesar de tener los elementos en contra. Y su perseverancia.

Me he alegrado cuando ha regresado a suelo firme con su pequeño tesoro y también de no haber intervenido permitiendo de esa forma que pueda sentir la satisfacción que supongo habrá tenido al llegar a casa y mostrar su cosecha.

Ha sido un instante emocionante que me ha permitido recordar que en algunos momentos la mejor ayuda es la que no se da.