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Síndrome del impostor: ¿te consideras un fraude?

¿Has sentido alguna vez que lo que consigues es cuestión de suerte y no fruto de tu esfuerzo? ¿Que todos te felicitan por tu aparente éxito y tú tienes la sensación de que les estás engañando? ¿No te crees tus logros?

Puede que estés experimentando el «síndrome del impostor». Y, no sé por qué, casualidad seguramente, pero en las últimas semanas no dejo de ver en Instagram publicaciones sobre ello.

El síndrome del impostor es un fenómeno psicológico, de autosabotaje, en el que las personas que lo experimentan perciben sus logros como inmerecidos; dudan de sí mismas, de sus éxitos y capacidades; tienen la sensación de no estar nunca a la altura, de no ser suficientemente buenos o competentes, de no merecer el éxito. En definitiva, creen ser un fraude, ¡impostores!

Este sentimiento de falsedad se produce a pesar de que haya pruebas de que somos capaces, aptos, exitosos. Lo que ocurre es que no nos las creemos.

Todas estas sensaciones vienen acompañadas (¡cómo no!) del temor a que esa incompetencia sea «descubierta», a que los demás se den cuenta de ese fraude.

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Las psicólogas clínicas Pauline Clance y Suzanne Imes describieron por primera vez, en 1978, este síndrome del impostor y acuñaron el término. Y aunque se le conoce así, como un «síndrome», en realidad no es una enfermedad mental, sino un tipo de comportamiento o reacción ante una situación determinada. Por tanto, sería más adecuado hablar del «fenómeno» o la «ilusión del impostor».

Así, este fenómeno del impostor está estrechamente vinculado a nuestra autoestima y seguridad y, a la vez, a que somos sumamente exigentes con nosotros mismos. Es decir, si tenemos una autoestima baja, más nos costará creernos las buenas palabras hacia nosotros o las palmaditas en la espalda o haber conseguido por nosotros mismos un logro. Yo soy de las que responde con incredulidad ante un cumplido, siempre. Hola, síndrome del impostor.

Como en todo, hay personas más propensas a experimentar este fenómeno. Por lo general, aquellas que se dedican a profesiones diferentes a las de su familia o que se alejan de las expectativas de la sociedad o de sus padres. Las personas creativas, por ejemplo, como fotógrafos, ilustradores, escritores, etc., expuestas continuamente a la opinión del público, son carne de cañón para experimentar este síndrome. También dicen que las mujeres más que los hombres, supongo que por la constante necesidad de demostrar que somos válidas en un todavía marcado sistema patriarcal.

Como decía, el síndrome del impostor va de la mano de una baja autoestima, por eso, para superar esta batalla interna, es importante trabajar esa autoestima, así como la confianza en uno mismo y la aceptación. ¡Es primordial aceptarnos!, darnos «permiso» para ser nosotros mismos, respetarnos, sentirnos suficientes y creernos lo que verdaderamente somos. Sin ilusiones dañinas de por medio que empañen la visión que tenemos de nosotros mismos.

 

Cintia Fernández Ruiz, autora del post

Imagen: Finan Akbar (cabecera) y Gemma Correll (ilustración)