Disfruta de la llanura
En clase de escritura, mi profesor, Carlos del Río, nos habló hace unas semanas del proceso de aprendizaje de nuevas habilidades: hay una llanura y, de repente, llegamos a una pequeña colina, y después otra llanura, y luego otra colina, y otra llanura…
Así, para «dominar» algo, sea lo que sea, tenemos que pasar largos periodos en los que parece que no avanzamos (las llanuras), y, de vez en cuando, damos un gran salto (las colinas), y volvemos a entrar en otra llanura.
«El truco es disfrutar de la llanura», nos dijo, y yo estuve a punto de apuntármelo en la mano para recordarlo todos los días.
Y es que, en el caso que nos explicaba, tanto mis compañeros como él o yo escribimos porque nos encanta, y sabemos que, al final, «el objetivo es disfrutar del proceso de aprendizaje, que nunca acaba».
¿Y por qué suelto todo esto? Porque, según mi experiencia, en terapia te puede ocurrir algo parecido (¡a mí me ocurre!). Al fin y al cabo, es un aprendizaje: aprendemos a aceptarnos a nosotros mismos, a comprometernos con nuestros valores, a seguirlos, a hacer cosas que nos dan miedo.
Míralo así: después de una laaaarga llanura, das el paso, buscas a un psicólogo o psicóloga, conciertas la primera cita, empiezas a seguir sus pautas y tratas de poner en práctica las cosas que habláis. Ahí, subes la primera colina de ese aprendizaje.
Yo empecé 2019 motivadísima. El comienzo del año es lo que tiene: borrón y cuenta nueva, 365 oportunidades delante de ti. Empecé a caminar a diario, me apunté al curso de escritura que mencionaba antes, a otro online, continué con mi preparación para opositar… Me estaba moviendo, haciendo cosas que me gustaban o que me dirigían hacia algo que quería conseguir. Y así he estado casi dos meses, en lo alto de la colina.
Pero después entras en otra llanura (yo ahora mismo estoy sentada en medio de ella), y parece que no avanzas.
Quizá ya te has dado cuenta, pero la terapia requiere muchísimo esfuerzo, muchísima constancia, muchísima paciencia y, sobre todo, muchísima consciencia de que va a ver subidas, bajadas y momentos en los que parece que no nos movemos. Pensaremos en abandonar, porque ¿para qué?, estoy perdiendo el tiempo, haciendo perder el tiempo al psicólogo o la psicóloga de turno, perdiendo dinero, mintiéndome a mí misma porque las cosas no van a cambiar y bla bla bla.
En esa llanura no veremos avances y querremos dejarlo.
Pero ¡tenemos que aprender también a aprovechar esa llanura!
Y, para ello, podemos echar la vista atrás y exprimir lo aprendido, disfrutar de lo que hemos avanzado y de lo que queda por venir. Armarnos de paciencia. Seguir trabajando en ello, buscando la manera de seguir adelante porque, al fin y al cabo, todas esas pequeñas cosas que hacemos en la llanura son las que nos aúpan a la colina.
Cintia Fernández Ruiz, autora del post
Imágenes: Pascale Amez (cabecera), George Leonard (gráfico)