“Caminante, son tus huellas”
Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Hoy me vienen a la cabeza estos versos de Machado. Echando la vista atrás he recordado dónde me encontraba hace un año un día como hoy.
En el hospital! Con mi tibia sujeta a un clavo y aún sin creerme del todo lo que me había sucedido.
El sábado 29 de junio se presentaba como un día fabuloso de montaña. Subida a Peña Remoña. El día no podía ser más bonito. El fin de semana lo dedicaría por completo a la montaña. El verano también y en la segunda quincena de agosto me iría a USA y subir el Half Dome para el que ya tenía autorización desde hacía meses.
Llegué a la primera cumbre de Peña Remoña, posé la mochila en el suelo para acercarme a la segunda unos metros más allá y crack!!! un chasquido como de rama que se quiebra. Era mi tibia que acabada de romperse por completo. Un primer segundo de alarma sin querer comprender lo que acababa de suceder, pero comprendiendo que algo grave acababa de pasarme. Mis compañeros que vuelven la cabeza porque aunque iban unos metros adelante han oído el chasquido y yo con la boca cerrada para no reconocer que hasta ahí había llegado mi verano de montaña.
Después todo se manifestó de forma clara. Imposible sostenerme. Mi pie colgaba como suspendido por un hilo. Hay que llamar al helicóptero y hay que entablillar la pierna con los bastones. Mis compañeros se ponen manos a la obra. uno al teléfono, otro a los bastones y la venda. Y yo a mentalizarme de lo que tenia que enfrentar. Una hora hasta que llegara el helicóptero-otra hora hasta llegar al hospital-no gritar ni hacer drama-dar muestras de serenidad y ayudar a mis compañeros-aplicar lo que sabía de mindfulness para soportar el dolor-pensar en cómo cancelar todas las consultas de la semana siguiente y cómo podría trabajar con la pierna rota (soy autónoma:))-mantenerme en el presente.
Llegó el helicóptero. Un ángel de la guarda-rescatador descendió, se hizo cargo de la situación, de mí. Tengo grabada su sonrisa amable, con la que sentí la comprensión y apoyo que en ese momento necesitaba. Su pericia y saber hacer que me aportó la seguridad y el control que me faltaba. Y los minutos de abandono colgada del arnés y abrazada a él que me dieron la fuerza para despedirme de las montañas que nos rodeaban y del sol y el aire libre y la libertad, por unos meses.
Después llegaron “los bata blanca” de Valdecilla, su mirada, su sonrisa, sus palabras que siguieron llenando la necesidad de comprensión y ayuda que yo tenia aquella tarde. El traslado a Mompía con ayuda de una amiga que se presentó al momento en el hospital, afortunadamente maravillosa enfermera y mejor amiga que fue una de mis muletas en las semanas siguientes. El traumatólogo de guardia que se presentó a las ocho de la tarde supongo que dejando alguna actividad agradable con su familia, para ver qué me había pasado y programar una operación al día siguiente. Que gusto escucharle mientras ponía nombre a la fractura y me indicaba los pasos que daría para soldar y que pudiera empezar lo antes posible la rehabilitación.
Me vienen tantas personas a la cabeza…. Gracias!!!!
Me viene tanta ayuda, apoyo, comprensión…. Gracias!!!
Me vienen algunas cosas que aprendí y que a principios de marzo cuando de pronto entramos en estado de alarma y confinamiento recuperé y volví a poner en práctica:
- Haz planes, imagina, piensa en lo que te gustaría hacer…. Pero no te creas ni por un momento que esa es la vida que te espera, ni mucho manos lo que tiene que ser.
- Céntrate en el momento presente, hazte cargo sólo de lo que está pasando, no te dejes llevar del “drama” que hace la mente sobre lo que está sucediendo.
- Actúa desde el minuto uno, paso a paso, no te pongas en pausa o en modo espera. La vida es lo que sucede aquí y ahora, no se puede dar marcha atrás al reloj y tampoco acelerarlo. Toma el minuto presente con lo que tenga y actúa con lo que el minuto te pida. Siempre se puede hacer algo, aunque sea mover los dedos y la pierna sana hasta poder hacerlo con la otra.
- Déjate ayudar, abandónate a las manos que te ofrecen ayuda. No quieras marcarles tu ritmo, ni tus necesidades, adáptate tú, al fin y al cabo lo que más tienes en ese momento es tiempo. Paciencia. Recuperarás tu autonomía y podrás hacer las cosas a tu manera. Mientras tanto espera, observa desde tu posición privilegiada de espectadora y déjate hacer.
- Agradece y agradécete por lo grande y lo pequeño.
- Date cuenta de que cada persona tiene su forma de ayudar, no te quedes en un rol pasivo, no puedes caminar pero sigues vivo. Puedes tomar una actitud activa de elegir cómo recibes lo que te llega.
- Disfruta (aún en la adversidad) de lo que el momento tiene de bueno para ti: estar colgada en el aire sobrevolando las montañas (un tesoro), miradas, sonrisas, palabras, vivir en un país que tiene Sanidad y Servicios Públicos, haber tenido la precaución de contratar seguros privados, del tiempo libre y la agenda desbloqueada…
- Acepta que la vida tiene mucho de azar y sólo algunas cosas están bajo tu control. Estas cosas hazte cargo de ellas.
- Haz todo lo que esté en tu mano para volver a recuperar lo que quieres hacer.
- Mira de frente al miedo, nótalo, dale la bienvenida, camina con él. Actúa con miedo. No te dejes llevar ni por un minuto del pensamiento de “No voy a poder…” Si el médico te dice que puedes, busca la forma de poder con tus acciones.
- Búscate un buen fisioterapeuta en el que puedas confiar plenamente.
- “Espera a llegar al río para cruzar ese puente”. Si tienes un viaje a USA y un permiso para subir el Half Dome no lo canceles de inmediato. Espera. Quizá pierdas algo de dinero si finalmente no puedes ir, pero quizá sí puedas y lo ganes. Estate dispuesta a perder algo y quizá ganes algo.
- Actúa, persiste, busca la forma de hacerlo posible. Hay recursos que no conoces y están ahí. Maravilloso servicio de atención a personas con movilidad reducida de Aena y de los aeropuertos que me pasaron todos los controles “en volandas”.
- Acepta lo que hay, lo que es. El Half Dome sigue estando ahí. No fue posible pero si fue posible remar en canoa por el lago de June Lake.
- Y recuerda “Todo pasa, todo llega y vuelve a pasar y cambia y se transforma…”