+34 942 037 177 psicologa@azucenaaja.es

Blog

¿Existe realmente el destino?

Durante una batalla, un general japonés decidió atacar aún cuando su ejército era muy inferior en número. Estaba confiado que ganaría, pero sus hombres estaban llenos de duda. Camino a la batalla, se detuvieron en una capilla. Después de rezar con sus hombres, el general sacó una moneda y dijo: ”Ahora tiraré esta moneda. Si es cara, ganaremos. Se es cruz, perderemos. El destino se revelará“. Tiró la moneda en el aire y todos miraron atentos como aterrizaba. Era cara. Los soldados estaban tan contentos y confiados que atacaron vigorosamente al enemigo y consiguieron la victoria. Después de la batalla, un teniente le dijo el general: ”Nadie puede cambiar el destino“. ”Es verdad” contestó el general mientras mostraba la moneda al teniente. Tenía cara en ambos lados.

Creyendo que la suerte estaría de su lado los soldados se atrevieron a afrontar la batalla y lucharon de una forma especial. Con su estratagema el general consiguió un buen aliado para la batalla: la certeza de que podían ganar. Así los soldados hicieron lo único que podían hacer, lo que realmente estaba en sus manos, pelear. Con las dudas en sus posibilidades probablemente hubieran peleado con menos fuerza, sin convicción, dándose por perdidos antes de intentarlo.

Las personas que confían en la suerte o en el destino depositan el control de lo que les sucede en elementos externos a ellas mismas, tienen un locus de control externo. En cambio otras personas consideran que la realización de las diferentes tareas que realizan depende de sí mismas, tienen un locus de control interno. Es el típico ejemplo del estudiante que atribuye el resultado del examen, sea positivo o negativo, a su esfuerzo o bien, lo atribuye al profesor, “He suspendido vs. Me ha suspendido”. Se suele atribuir los resultados negativos a causas externas y los positivos a causas internas.

La percepción de control sobre las cosas que suceden a nuestro alrededor es importante para nuestra vida. Si consideramos que lo que ocurre a nuestro alrededor no depende de nosotros, lo más probable es que no actuemos para cambiarlo.

Tener la percepción de que las cosas que me pasan depende de mí contribuye al crecimiento personal y la motivación por alcanzar lo que nos proponemos.