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Empeñarse en tener razón es un motivo de conflicto

Tengo razón y te lo voy a demostrar.

Tengo razón y por tanto te lo voy a demostrar como sea. ¿Para qué sirve ganar la batalla si perdemos la guerra?

Te demuestro que tengo razón y esto supone embarcarme en una discusión sin cuartel. Te bombardeo con múltiples argumentos y explicaciones, por supuesto no escucho “tu razón” y al final en el hipotético caso de que me des la razón me encuentro con una victoria pírrica: he demostrado que tenia razón y a la vez he estropeado la relación, he hecho daño a la otra persona y muy probablemente el germen del resentimiento y la distancia se instalen en la relación.

En el artículo “Yo tengo razón, tú estás equivocado” Raimon Samsó nos dice “La mayoría de nosotros creemos que podemos cambiar lo que los demás piensan; de otro modo, no pasaríamos tanto tiempo en la vida dándole vueltas a “qué opinan los demás de nosotros” y tratando de mejorar lo que piensan de nosotros”. También se refiere a esta frase de Eleanor Roosevelt: “Nadie puede hacer que te sientas inferior si tú no lo permites” que puede orientarnos respecto a otra forma de abordar las diferencias. Esta visión cambia las cosas ¿verdad? Ya no tengo que esforzarme para que los demás me vean de una forma o entiendan las cosas como yo, sino que puedo quedarme con mis propias ideas y manera de ver el mundo, aceptando que los demás lo vean de otra forma.

Recuerda “Quien te irrita te controla”.

“Si yo tengo la razón la defiendo como sea” esto es lo que piensas aún cuando salgas perjudicada en el intento y pagues un precio alto por las consecuencias de tus acciones. ¿De qué te sirve defender la razón “a capa y espada”? Quizá para demostrar algo, tal vez para mostrar a los demás que no están en lo correcto y que por encima de ti no pasan, o para mostrarle al mundo que contigo no se puede. Me gustaría que te preguntaras una cosa ¿Para qué lo necesitas? ¿Para qué necesitas que los demás vean el mundo como tú? Al fin y al cabo las cosas son tan diferentes como personas hay en el mundo. Aquello que nos parece tan “razonable”, eso que nos resulta “nuestra razón” sólo es una forma de las posibles interpretaciones que se pueden hacer de un hecho o de una situación. Es posible que tengas razón. Tienes “Tú razón” y los demás la suya, cada uno la propia. Es posible que en ocasiones logres demostrar que la tuya es mejor o más cierta y aún así ¿Te ayuda a resolver el problema que tienes entre manos?” “¿Logras llegar a un acuerdo y salir hacia adelante?” “¿Consigues tener razón pero pierdes un amigo o una relación?”

“Una creencia es algo a lo que te aferras porque crees que es verdad” Deepak Chopra

Aquello que tomamos como “razón” sólo son pensamientos dentro de nuestra cabeza. Los pensamientos a veces parecen muy creíbles y ni nos damos cuenta de que sólo son eso, pensamientos, ideas, creencias en la mente. Cuando una persona te lleva la contraria lo tomas como algo personal porque te confundes con los pensamientos. Tú eres algo más que tus pensamientos, sin embargo te sientes atacada porque te identificas con ellos.

Según Samsó “Aceptar las ideas de otros es en realidad más sencillo de lo que parece. Basta con tener presente que aceptarlas no significa estar de acuerdo. Es más bien aceptar que no entendemos a todo el mundo, ni que todo el mundo nos entenderá. Es más sencillo aceptarlos a ellos (aunque tal vez no sus ideas) porque no hacerlo complica la vida de todos. Resistirse, negarlos, es luchar, y vivir así es verdaderamente muy, muy difícil.”

Imagina que otra persona te dice una opinión o comenta una idea con la que no estás de acuerdo, notas que te molesta y comienzas a estar un poco enfadada. Las primeras señales físicas del enfado te indican que no estás de acuerdo y que te molesta lo que dice. Es el momento justo para preguntarte “¿Qué dice mi mente en este momento?” y “¿En qué parte de mi cuerpo siento el rechazo?”. No se trata de cambiar nada, sino simplemente de observar lo que sucede. Para-atiende a las señales-Observa.

En ocasiones quizá quieras afirmarte y defender tu postura, esto es natural. Hay una forma de hacerlo mediante la que podemos afirmarnos, hacernos respetar y defender nuestras ideas, sin dañar al otro y sin terminar en una batalla campal en la que vas a resultar muy perjudicada porque serás la única que recibe el castigo o el parte y encima no conseguirás hacerte entender. Esa forma se llama asertividad.
Cuando te pones a la defensiva y “te cierras en banda” o cuando atacas “y lo llevas todo por delante estás actuando de forma poco respetuosa, en primer lugar contigo misma. Puedes expresar lo que necesitas o lo que te parece importante (con asertividad)

Cuando vamos por el mundo “defendiendo nuestra razón” corremos el riesgo de quedarnos solos porque agredimos con nuestras formas y también porque en esa actitud de defensa nos olvidamos de escuchar a los demás. Terminamos haciendo lo que criticamos. Aprende a escuchar a los demás sobre todo cuando no están diciendo lo mismo que tú, cuando manifiestan una visión diferente, es una forma de conocer “otros mundos”. ¿Cómo te sientes cuando notas que te escuchan? Probablemente te sientas aceptada y respetada. Esto es exactamente lo que consigues cuando tú escuchas a los demás.

UN JUEZ DE AMPLIA VISIÓN
Se requería un juez, pues el último de la localidad había muerto. Se tenía constancia de la ecuanimidad y sabiduría de un Yogui que vivía en un bosque cercano. Las sencillas gentes de la localidad decidieron nombrarlo juez, y he aquí, que pronto hubo de celebrarse la primera vista. Con tal motivo llegó una de las partes y expuso su alegato. El yogui -juez dijo: “Tiene usted razón, toda la razón. Ahora voy a escuchar la otra parte”
Tras escuchar la otra parte, afirmó: “Tiene usted razón, toda la razón”
El escribano no podía creerlo. Pero ¿qué clase de juez era ese que daba la razón a ambas partes? Enojado dijo: “Señor juez, está usted disparatando. ¿Cómo van a tener razón las dos partes?”
El juez se dirigió al escribano y le dijo: “Ciertamente tiene usted razón. ¿Cómo van a tener razón ambas partes?”
Quien una visión amplia y clara ve la “razón” particular de cada persona.

En conclusión, lo que me gustaría decirte es que cuando dos personas se empeñan en defender su punto de vista sin escuchar el del otro o sin hacer el esfuerzo de ver el mundo desde la otra parte no se puede avanzar y ambas es bastante probable que salgan dañadas. ¿Qué hacer entonces? tratar de ver las cosas con “las gafas” que tiene el otro y tomar esa visión como una de las posibles, aunque yo no esté de acuerdo con esa forma de ver las cosas.

Cuando existe una diferencia de opiniones, cuando hay una discrepancia suele salir más beneficiado quien esté dispuesto a escuchar y atender la visión del otro, no quien pelee más por demostrar que su visión es la correcta o que tiene razón y que el otro está equivocado

TRATADO SOBRE LOS ELEFANTES
Cuatro ciegos se reunieron un día para examinar un elefante. 
El primero de ellos tocó la pata del animal y dijo: “Un elefante es como un pilar.” 
El segundo palpó la trompa y dijo: “Un elefante es como una maza.”El tercer ciego tanteó el vientre y declaró: “Un elefante es como una gran tinaja. “Al final el cuarto agitó la oreja del animal y dijo a su vez: “un elefante es una gran panera.” Tras lo cual se pusieron a discutir sobre el tema. Alguien que pasaba por allí les preguntó por el motivo de su disputa; se la explicaron y lo tomaron como  árbitro. El hombre afirmó: 
”Ninguno de vosotros ha descrito bien al elefante. No se asemeja a un pilar, aunque sus patas son como pilares; no se parece en nada a una panera, si bien sus orejas lo parecen; no tiene el aspecto de una vasija, pero su propio vientre lo es. No es una maza, sino que su trompa es parecida a una maza. Un elefante es la combinación de todo esto: patas, orejas, trompa y vientre.

El maestro dice: Este es el modo de discutir de aquellos que sólo se fijan en uno de los aspectos, como si miraran a través de unos prismáticos que estuvieran trucados y sólo pudieran ver por una lente. Aquellos a los que un árbol les impide ver el bosque.

En definitiva si quieres realmente “salirte con la tuya” y a la vez salir beneficiada de la situación es importante que escuches y tengas en cuenta la visión de la otra persona, sus argumentos y apreciaciones (no significa que tengas que estar de acuerdo o poner en practica lo que dice). Toma en consideración que aunque tú no veas lo que el otro ve, aunque no tengas las mismas ideas, aunque tus pensamientos sean diferentes y te cueste ver los del otro, si éste lo ve de una forma concreta, es así (no es así para ti, es la visión del otro). Como en la historia de los ciegos cada uno sólo podemos darnos cuenta de una parte del animal. Si consideres los argumentos del otro, los escuchas, no vas a entrar en confrontación y tendrás más probabilidades de llegar a un punto de acuerdo.

En vez de preguntarte cómo te tratan los que te rodean, mejor pregúntate cómo los tratas tú a ellos. A la larga la gente se termina comportando contigo como tú te comportes con ellos.