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“… A pesar de todo, decir Sí a la vida.”

“… A pesar de todo, decir Sí a la vida.” es el título de un libro que recoge algunos datos autobiográficos y tres conferencias impartidas por Viktor E. Frankl en 1946, un año después de ser liberado de Auschwitz. La primera de ellas versa sobre el “Sentido y el valor de la vida” y en uno de sus pasajes podemos leer “…Damos sentido a la vida trabajando, pero también amando y, finalmente, sufriendo. Pues, en la forma en que un ser humano toma postura ante la limitación de sus posibilidades de vida en lo referente a su actuar y a su amar, en la forma en que se comporta ante esa limitación y asume sobre sí su sufrimiento ante esa limitación tomando la cruz sobre sí, incluso en todo ello puede ese ser humano realizar valores…”  Al leer estas palabras me vino a la mente la historia que no hace mucho me contaba un amigo mientras caminábamos juntos por la montaña. Mi amigo es un ser humano para quien estas palabras de Frankl definen su estar en el mundo.  Su historia es en realidad una épica de supervivencia en plena situación de crisis económica en nuestro país y de crisis personal en su propia vida.

La Vida de la noche a la mañana despertó a mi amigo Ernesto limitando sus posibilidades. Poniendo ante sí sucesivas pruebas a lo largo de algunos años que enfrentó con dignidad, sabiendo erguirse como una persona valiente cargada de valores.

Ernesto es una de esas personas en las que se puede confiar. Una persona de palabra. Un ser humano que se conduce haciendo el bien entre las personas que tiene alrededor. Ama la naturaleza y la conoce. Respeta la vida que se manifiesta en ella. Es un “partisano” en tiempos modernos. Imagino que estas características le permitieron situarse ante las dificultades haciendo patente quien es y dando sentido a su vida.

Se quedó en el paro a una edad en la que se pasa a formar parte de ese grupo al que las políticas del gobierno se refieren como “mayores en riesgo de exclusión laboral” y descubrió un “agujero negro” en su economía doméstica fruto de las malas decisiones de un familiar cercano. De pronto después de una vida cargada de trabajo se vió en una situación de ruina económica. Después de una vida dedicada a la construcción de un proyecto personal ahora podía terminar en manos del banco. Con unos vínculos personales tejidos durante más de veinte años ahora amenazaban romperse todas las costuras. De repente su vida convertida en pesadilla sin haber sido el protagonista de la catástrofe.

A mi amigo ante estas circunstancias le sobraban los motivos para hacerse la víctima, quejarse de su mala sombra y repartir culpas por doquier. Sin embargo, él nunca ha entendido ese lenguaje del victímismo y la culpa, sino el de la responsabilidad y la libertad. Como expresa Frankl “O cambiamos nosotros el destino, en la medida en que esto sea posible, o lo cargamos voluntariamente sobre nosotros, en la medida en que sea necesario”. Y es lo que hizo. Cambiar el destino que las circunstancias le ofrecían actuando de acuerdo a unos valores que desde mi punto de vista impregnaron sus pasos fundamentales: no romper la familia, que el banco no se quedara con el fruto de su trabajo, no tener deudas, afrontar su vida con las vicisitudes que ésta le pueda plantear, ayudar, ser solidario, amar a los seres queridos. Actuar de acuerdo a estos valores le permitió no dejarse atrapar por los sentimientos de rabia y frustración que hicieron presencia dentro de sí en muchos momentos. Eligió afrontar su circunstancia responsabilizándose de resolver los problemas que tenia presentes (aunque no los hubiera creado él) y de las emociones de rabia e impotencia que le generaban. “Yo soy yo y mi circunstancia. Y si no la salvo a ella no me salvo yo” dijo el filósofo Ortega y Gasset y parece que fue lo que Ernesto sin saberlo estaba poniendo en practica. Fueron dos años de vida espartana “sin tener ni un euro libre para tomarme un café”, conviviendo en una casa en la que ya no quería estar, trabajando y ahorrando hasta el último céntimo que llegaba a sus manos, llenando aquel agujero que parecía no tener fondo, subiendo y bajando las montañas que le devolvían el equilibrio necesario para sobrevivir y seguir adelante.

A Ernesto la Vida le puso un ochomil en las puertas de su casa y supo ascenderlo con tesón, dignidad y valor, creciéndose en las dificultades. Hay personas como él que se crecen en la adversidad y saben sacar de ésta una experiencia vital inestimable. Consiguen utilizar la tierra que les están echando encima para ir haciendo una escalera que les permita salir del pozo, dándole de esta forma sentido a su vida, porque como nos plantea Frankl “La vida ofrece siempre una posibilidad en orden al cumplimiento del sentido”.

Hace tiempo acepté que la vida no tiene sentido, sino que más bien como plantea la Logoterapia es la Vida la que te pregunta cuál es el sentido que quieres darle. Por eso admiro a Ernesto y le agradezco tanto que compartiera su experiencia conmigo. La Vida le ha preguntado a través de esta situación de sufrimiento y ha sabido responder. Ha sabido decirle “Sí, a pesar de todo digo Sí… Tomo con responsabilidad lo que me ofreces a pesar de ser una experiencia de infelicidad y sufrimiento y estoy dispuesto a hacerle frente”. Aún en las peores circunstancias tenemos la libertad de elegir cómo queremos vivir (actuar) Esta es para mí la lección que obtengo de mi amigo.

En la actualidad lo más frecuente es escuchar a las personas quejarnos de las circunstancias (y no estoy hablando de quiénes se han quedado en el paro o han perdido su casa. Más bien me refiero a quien teniendo casa y trabajo se lamentan de lo mal que está todo) Estamos en la época en la que las personas perseguimos la felicidad por encima de todo y no sufrir “porque yo lo valgo”. En esta sociedad muchas personas toman el destino como una clase de mala suerte ante la que se encuentran atadas e indefensas, y esperan que alguien venga desde fuera a rescatarlas.. Sin embargo, Frankl, superviviente del campo de concentración expresa “¿Qué hubiera sido de cada uno de nosotros sin nuestro correspondiente destino?… Quien se subleva contra su destino y, en consecuencia, contra aquello con lo que no puede hacer absolutamente nada y contra lo que resulta imposible cambiar, ése no ha comprendido el sentido de todo destino”.

En la actualidad, Ernesto habla de su experiencia (destino) con satisfacción y gratitud. Considera que a pesar de lo dificil que fue pasar por todo ello, de los momentos duros cuando no veía apenas salida, de la injusticia cometida y la importante pérdida material y humana sufrida, ha merecido la pena. Este sentimiento de gratitud y crecimiento es posible desde mi punto de vista gracias a la forma en que decidió enfrentar su destino. Gracias a la coherencia que mantuvo en todo momento con sus valores y a que actuó teniéndolos como brújula de sus actuaciones. La sola circunstancia del malestar no cambia ni te cambia. Es necesario responder ante esa circunstancia. Es preciso actuar.
Paradojas de la vida. Ahora que Ernesto ha pasado por dos años seguidos de desempleo, trabajos intermitentes y vuelta al desempleo… Ahora que piensa más en la jubilación que en el trabajo… Ahora que como sostiene en broma ya no quiere trabajar,… Ahora que ha aprendido a valorarse y situarse en la vida más allá de la condición laboral… Ahora le ha llamado una empresa para contratarle y puede negociar las condiciones que quiere, porque ahora ya no tiene nada que perder y la empresa quiere un profesional responsable. Ahora también la Vida le trae otro Destino con nombre de mujer… Y nuevas circunstancias que seguro será capaz de afrontar porque mi amigo como Ernesto “Ché” Guevara al que le he tomado prestado el nombre para preservar la confidencialidad es de los que prefieren ser realistas y hacer lo imposible.