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¿Qué es eso del positivismo tóxico?

Durante el último año y medio estuve preparando unas oposiciones de periodismo. Hace un par de meses suspendí el primer examen y adiós a esa opción. Aparte de lidiar con la frustración, la decepción y el fracaso (que daría para otra entrada de blog), me encontré con diferentes reacciones a mi alrededor, muchas de ellas impregnadas de un positivismo exagerado, un positivismo tóxico, que, para serte sincera, me cabreaba un poco.

Que era cosa del destino, que me tenía preparado algo mejor.

Que no me preocupase, que vendrían cosas mejores.

Que la vida ya me compensaría (como si funcionase así: por cada mala experiencia, una cosa buena, como si la vida fuese un trueque).

La reacción que más me gustó fue la de una de mis amigas: «Pues vaya mierda, tía». Porque era exactamente eso: una mierda. Y necesitaba que alguien más me lo dijera.

Qué daño nos ha hecho Mr. Wonderful y sus mensajes de «todo irá bien» cuando, mira, no, a veces no ocurre eso y hay que aceptarlo. Que no vengo yo aquí a hacer todo lo contrario y llenar de pesimismo a cualquiera que me lea, sino a hablar de que a veces el positivismo llega a ser tóxico y puede hacernos ver la vida de manera algo distorsionada.

¿Y qué es exactamente el positivismo tóxico? Según The Psychology Group, la sobregeneralización excesiva e ineficaz de un estado feliz y optimista en todas las situaciones

Como cualquier otra cosa hecha en exceso, cuando el positivismo se usa para silenciar la experiencia humana, se convierte en tóxico. Y, así, puede llevarnos a «la negación, la minimización e invalidación de la auténtica experiencia emocional humana».

Es decir, que cierto positivismo es necesario para tirar adelante y afrontar la vida pero, claro, en su justa medida. Si nos pasamos, puede llegar a ser frustrante cuando no ocurre lo que deseamos, puede alejarnos de la realidad, distorsionarlo todo.

Nos ponemos una careta de falsa positividad y silenciamos nuestras emociones negativas. Y, en realidad, debemos aceptarlas, tanto las buenas como las malas.

En el libro El sutil arte de que (casi todo) te importe una mierda, su autor, Mark Manson, dice: «El desear una experiencia positiva es una experiencia negativa, mientras que el aceptar una experiencia negativa resulta en una experiencia positiva».

Trabalenguas aparte, Mason explica que a lo anterior se refería el filósofo Alan Watts como «La Ley de la Retrocesión», es decir, «cuanto más persigas sentirte bien todo el tiempo, más insatisfecho estarás; pues perseguir algo solo refuerza el hecho de que careces de ello».

En la siguiente tabla puedes ver ejemplos de declaraciones no tóxicas y de aceptación:

positivismo_tóxico_tabla

Así que, si te das cuenta de que estás haciendo algo de lo expuesto en esta entrada, es decir, transmitir positividad tóxica, recomendación: te toca dejarlo. Trata de buscar el equilibrio y la aceptación de las emociones buenas ¡pero también de las malas!, en lugar de pensar en todo o nada. 

Y si, en cambio, estás siendo influenciado por esa positividad tóxica, intenta establecer límites saludables con esa persona para, también, caminar hacia esa aceptación y buena salud mental.


Cintia Fernández, autora del post
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