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Niños autónomos, seguros y responsables

Todos tenemos miedo a la frustración. Que algo salga mal, que no recibamos la recompensa merecida, que nuestro esfuerzo no sea reconocido, la falta de elogios… Todos los días nos enfrentamos a situaciones en las cuales debemos manejar la frustración. ¿Y qué hacemos para superarla?
Esa es una buena pregunta. Cada uno desarrolla su propia estrategia, una forma propia de sortear las adversidades y no darse por vencidos.
En el día a día de los niños ocurre lo mismo. No sacar buenas notas, no conseguir el juguete deseado, la soledad en el patio del colegio, la falta de tiempo para jugar, la ausencia de los padres… Sin embargo, a diferencia de los adultos, los más pequeños encuentran en sus padres una tabla de salvación.
Por lo general, los padres intentan evitar que sus hijos fracasen, se enojen, se aburran, se peleen, se caigan… Por supuesto que los niños necesitan protección además de contar con una figura de cariño (apego) que le pueda guiar en su ruta de aprendizaje constante, pero “sacarles las castañas del fuego” constantemente no les hace personas más preparadas, autónomas y responsables. ¡No! Al revés, “salvarles la vida” constantemente les hace personas más dependientes, menos resolutivas y, a la larga, menos sociables.

Aceptar, entender y superar las frustraciones es parte del proceso de maduración y de aprendizaje de los más pequeños.

Evidentemente, estar expuesto a constantes frustraciones puede llevar al pesimismo y al miedo. Y aquí entra la labor de “rescate” de los padres.
Los malos momentos son pasajeros. Es necesario enseñarles a ser pacientes y hacerles entender que los “malos tragos” se pasan…
Los malos momentos son una oportunidad de aprendizaje. Aprenden de sus propios errores o a través de las “pruebas de la vida” con las cuales chocamos día a días. En este sentido, es importante apoyarles, explicarles lo sucedido (sobre todo reconociendo su responsabilidad porque es ahí donde encontraremos claves para proponer soluciones) y ayudarles a pensar en estrategias para solucionar los problemas a la vez que evitar que ocurran otra vez.
Aquí entra en juego dos aspectos importantes de la relación padres-hijos: la seguridad y la confianza.
Por un lado, les hacemos sentirse seguros de que vamos estar a su lado tanto para que no pasen el mal momento en soledad así como para ayudarles a superar la situación.
Por otro lado, les demostramos que confiamos en ellos y en sus decisiones, que tienen sus propios recursos y son capaces de superar el momento y de encontrar maneras de solucionar los problemas o evitarlos.

Enfrentarse a las frustraciones, aprender de las situaciones desagradables y desarrollar fortalezas para superarlas. ¡Una buena fórmula para crear niños seguros, autónomos y responsables!