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He aprendido del miedo.

Llevamos tiempo trabajando para enfrentar los temores y afrontar la vida desde otra perspectiva que no sea el perfeccionismo para mantener a raya los fracasos y la incertidumbre del vivir. Has avanzado mucho en este tiempo y ahora la vida en una de sus jugarretas te pone delante uno de los retos más difíciles que tenemos que afrontar todas las personas antes o después. Cuando llegaste y me dijiste que tu madre estaba de nuevo en manos de los médicos haciéndose pruebas y esperando resultados me di cuenta de que se cernía sobre ti la posibilidad de enfrentar una de tus peores pesadillas. Ya hace algunos años que habías enfrentado el diagnóstico de cáncer de tu madre y la habías acompañado durante el tratamiento. Habíais asistido juntas al momento del alta y parecía que todo pertenecía al pasado. Ahora la historia se repetía y eso fue lo que me confirmaste a la siguiente sesión que tuvimos. Los resultados ya estaban confirmados. Una recidiva del cáncer que ya había pasado. Tu madre se hundió pero tú de nuevo estuviste dispuesta a acompañarla en todo el proceso y así lo has hecho. A pesar de tus miedos e inseguridades con tu propio cuerpo y tu salud. A pesar de tu miedo a la muerte. A pesar de tu miedo a la incertidumbre y los riesgos. Has cogido las riendas desde el principio y has actuado fiel a tus valores de hija, devolviendo con creces todo el amor que siempre has tenido de tus padres. Cada sesión he tratado de escucharte y apoyarte en lo único que yo podía hacer. Y cada sesión sin pretenderlo, me has confrontado con mi propio miedo a perder a mis padres y la postura que quiero adoptar cuando eso suceda. Tengo que decirte que tu ejemplo me va a ayudar y lo voy a tener muy presente. A través de tu vivencia he podido volver a darme cuenta de lo que es verdaderamente importante y lo que no. También quiero que sepas que tu experiencia va a ser un estímulo para mí cada vez que me encuentre trabajando la relación de ayuda y la comunicación con los pacientes en los talleres de formación para profesionales sanitarios. Con tu permiso, cuento ahora con un relato muy valioso que voy a utilizar para concienciar sobre la importancia de humanizar la relación y los efectos adversos que se derivan de no hacerlo así. Siento que no te hayan ahorrado el dolor innecesario, ese que se puede aliviar con una buena información, con empatía y con saber escuchar lo que verdaderamente necesitan las personas en esos momentos difíciles.

He aprendido algunas cosas contigo que quiero comentarte por si resultan de ayuda para ti y también porque quiero agradecerte tu confianza y la posibilidad que me has dado de vivir una experiencia que me está esperando en algún punto del camino.

He aprendido…

Que los miedos de la mente, esos miedos de futuro inventados por nuestra mente siempre son peores de afrontar que las situaciones reales, aunque estas sean la muerte de un ser querido.

Que siempre podemos vivir en la realidad lo que nuestra mente dice que no seremos capaces de afrontar.

Que el miedo nos perturba creándonos escenarios catastróficos y la sensación de no ser lo suficientemente valientes para enfrentarlos, pero después la realidad demuestra lo contrario.

Que de antemano casi siempre pensamos que no podremos con ello, pero luego llega el momento de vivir lo que temíamos y podemos.

Que el futuro no está en nuestra mano por más que tratemos de aprehenderlo con múltiples estrategias de control y perfeccionismo. Que en el presente es más fácil saber lo que tenemos que hacer y cuando tenemos claro lo que nos importa es difícil frenarnos.

Que somos mucho más capaces, valientes y fuertes de lo que imaginamos que somos.